
Detalle de la portada del álbum American IV: The man comes around (American Recordings / Universal Records, 2002).
“Y oí una voz del cielo (…) como sonido de un gran trueno”. Johnny Cash y el fin de los días.
Lourdes Bonhome-Pulido
Universidad de Córdoba
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Adentrarse en la biografía de un artista como Johnny Cash nunca deja indiferente, no solo por su trayectoria musical, las giras, los programas de televisión, sino por su vida personal. Johnny Cash habitó un periodo en el que Estados Unidos -del que se sentía muy orgulloso- estaba en constante cambio. La religión estuvo siempre presente desde su niñez de una forma muy profunda. Johnny Cash intentó mantenerse fiel a los principios de su fe, aunque sus circunstancias personales dificultaron ese propósito. Este ir y venir hacia la fe conformó una heterogénea discografía marcada por la dicotomía del ‘hombre de blanco’ y del ‘hombre de negro’ que inspiró a una plétora de artistas tras él. Sin duda, a pesar de la vida frenética de fama y excesos, supo reconciliarse con sus creencias y con él mismo, encontrando el propio camino hacia la redención.
Pocos artistas populares han mostrado una relación tan intensa y compleja con el cristianismo como Johnny Cash. Este trabajo analiza la influencia de la fe cristiana en la construcción de la identidad artística de Cash, prestando especial atención a la canción The Man Comes Around (2002), una composición que sintetiza décadas de reflexión sobre la Biblia, la culpa, la redención y el Juicio Final.
Biografía
Los estudios sobre religión y cultura popular han puesto de manifiesto que las expresiones artísticas constituyen espacios privilegiados para la construcción y transmisión de significados religiosos. La cultura popular no solo refleja creencias preexistentes, sino que también contribuye activamente a configurarlas. En este sentido, la trayectoria del músico que nos ocupa ofrece un caso especialmente significativo para examinar la interacción entre experiencia religiosa, identidad personal y producción artística[1].
John R. Cash nació en Kingsland, Arkansas, en 1932, en el seno de una familia trabajadora profundamente marcada por la fe cristiana. Su infancia transcurrió durante los años de la Gran Depresión, un contexto de dificultades económicas que obligó a toda la familia a participar en las labores agrícolas para garantizar su subsistencia. Desde muy pequeño acompañó a su madre en las jornadas de trabajo en los campos de algodón[2], donde escuchaba y cantaba himnos religiosos y canciones tradicionales que acabarían ejerciendo una influencia decisiva en su formación musical[3]. En efecto, la religión formaba parte de la vida cotidiana de la familia y se encontraba reforzada por la figura de su abuelo, predicador bautista, cuya actividad pastoral permitió al joven Cash familiarizarse desde temprana edad con los relatos y enseñanzas bíblicas.
Uno de los acontecimientos más traumáticos de su juventud fue la muerte de su hermano mayor, Jack, cuando Johnny contaba apenas doce años. La estrecha relación que mantenía con él y las circunstancias de su fallecimiento marcaron profundamente al futuro músico. En sus escritos autobiográficos, Cash recuerda la profunda religiosidad de Jack[4] y la convicción con la que afrontó sus últimos días de vida. Este episodio se convirtió en un recuerdo constante que alimentó sentimientos de culpa, pérdida y búsqueda espiritual, temas que más tarde aparecerían recurrentemente en sus canciones y reflexiones personales[5].
Tras finalizar sus estudios, se alistó en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y fue destinado a Alemania. Durante este periodo continuó desarrollando su interés por la música y comenzó a plantearse la posibilidad de dedicarse profesionalmente a ella. A su regreso, contrajo matrimonio con Vivian Liberto y trató de compaginar distintos empleos con su creciente actividad musical. A mediados de la década de 1950 inició una carrera artística que pronto lo convertiría en una de las figuras más relevantes del panorama popular estadounidense. Su capacidad para integrar elementos del country, el folk, el góspel y el rock contribuyó a la construcción de un estilo propio que alcanzó una enorme popularidad.
El éxito, además, vino acompañado de giras constantes, grabaciones y compromisos públicos. Para mantener aquel ritmo de trabajo, Cash comenzó a consumir anfetaminas y otros estimulantes, desarrollando una dependencia que le afectó gravemente. Durante esos años atravesó una profunda crisis marcada por el abuso de sustancias[6], problemas familiares y conflictos emocionales que terminaron provocando el deterioro de su primer matrimonio. Aunque nunca abandonó completamente sus creencias religiosas, le acompañaba una sensación de alejamiento espiritual que él mismo describió en numerosas ocasiones[7]. De hecho, consideraba que nunca había dejado de ser cristiano, aunque reconocía que la intensidad de sus creencias no se mantuvo constante a lo largo de las distintas etapas de su vida.[8] Más que un abandono de sus creencias, Cash describió este periodo como una etapa de distanciamiento espiritual. Según relata en su autobiografía, no había perdido la fe en Cristo, sino que experimentaba una profunda sensación de ausencia divina[9].
A finales de la década de 1960 comenzó un proceso de recuperación personal en el que desempeñó un papel fundamental June Carter, con quien acabaría contrayendo matrimonio. El apoyo de Carter, unido a su voluntad de abandonar las adicciones, favoreció un progresivo acercamiento a la práctica religiosa y a las comunidades cristianas con las que había mantenido contacto desde su juventud. Este proceso de rehabilitación coincidió además con una revitalización de su carrera musical, simbolizada por el éxito de los conciertos grabados en prisión y por una creciente presencia pública de temas relacionados con la fe, la redención y el perdón.
Durante las décadas siguientes, Cash desarrolló una actividad artística extraordinariamente diversa[10]. Junto a su trabajo como músico, participó en programas de radio y televisión, publicó varias obras de carácter autobiográfico y mantuvo una estrecha relación con destacadas figuras del cristianismo evangélico estadounidense, entre las que se cuenta Billy Graham. Así, profundizó en el estudio de la Biblia, una lectura que llenó buena parte de su vida adulta y que acabaría convirtiéndose en una de las principales fuentes de inspiración de sus composiciones. Cash llegó a considerar que su misión consistía en transmitir el mensaje cristiano a través de la música, entendida como una forma particular de predicación.
En los últimos años de su vida, marcados por diversos problemas de salud y por la muerte de June Carter en 2003, Johnny Cash produjo algunas de las obras más personales y espiritualmente intensas de su trayectoria. Entre ellas destaca The Man Comes Around (2002), una composición profundamente influida por la imaginería bíblica y por las reflexiones sobre el juicio, la muerte y la redención que habían moldeado al artista durante décadas. Cash falleció en Nashville el 12 de septiembre de 2003, apenas unos meses después de la muerte de su esposa, dejando tras de sí una de las trayectorias musicales más influyentes de la cultura estadounidense contemporánea.⁷
La espiritualidad de Johnny Cash: culpa, redención y juicio
La vida de Johnny Cash estuvo llena de amor y fama, pero también de pena, penitencia, caída, oscuridad y, finalmente, perdón.
A diferencia de otros artistas de gran proyección internacional, Johnny Cash plasmó de manera explícita sus inquietudes religiosas y espirituales en gran parte de su producción musical. Esta coexistencia entre la experiencia del pecado y la búsqueda de la gracia ha sido destacada por Richard Beck, quien interpreta la obra de Cash a partir de la tensión permanente entre el santo y el pecador. Según Beck, la originalidad de su producción artística reside precisamente en la convivencia de canciones góspel con relatos de violencia, sufrimiento y marginación, una combinación que refleja una comprensión profundamente cristiana de la condición humana, marcada simultáneamente por la caída y la posibilidad de redención[11].
Esta dimensión espiritual puede apreciarse en numerosas canciones de su repertorio. En “Lead Me, Father” (1967), por ejemplo, expresa una súplica a Jesucristo para que lo guíe y sostenga en los momentos de debilidad moral y espiritual. Por su parte, “Sunday Morning Coming Down” (1970)[12] presenta la experiencia de un hombre que, tras despertar con resaca un domingo por la mañana, deambula sin rumbo mientras reflexiona sobre su soledad, su vacío existencial y su necesidad de encontrar consuelo espiritual. Estas composiciones evidencian que el conflicto religioso de Cash no radicaba tanto en una pérdida de fe como en la percepción de una separación emocional respecto a Dios. En este sentido, más que una crisis de creencias, lo que experimentó fue la sensación de haber sido abandonado por la presencia divina que había guiado gran parte de su vida.
El proceso de rehabilitación que siguió a uno de los periodos más difíciles de su vida marcó un punto de inflexión en la trayectoria personal y espiritual de Johnny Cash. Tras años de adicciones, problemas legales y una profunda crisis emocional, reflejada en su intento de suicidio en Nickajack Cave en 1967, el artista experimentó un renovado acercamiento a la fe cristiana. Este reencuentro estuvo estrechamente ligado a su recuperación personal y a su matrimonio con June Carter.
Para Cash, esta etapa significó una forma de redención. La superación de sus adicciones y la reconstrucción de su vida personal fueron interpretadas por él como una oportunidad para expiar los errores del pasado, entre los que se encontraban no solo sus excesos y conflictos personales, sino también el sentimiento de culpa que arrastraba desde la muerte de su hermano en la infancia. En este contexto, la fe se convirtió en un elemento central de su proceso de transformación.
Fue en este periodo cuando también escribió “Man in White, a novel about the Apostle Paul” (1986) en la que narró la conversión de Pablo, un personaje con el que encuentra una especie de paralelismo y de antagonista: paralelismo, porque Pablo se convierte y Johnny Cash encuentra de nuevo su fe – digamos que una fe reconvertida – y se dedica a dar voz a los convictos, a la gente pobre y a difundir la palabra de Dios; y antagonismo, porque hasta entonces él había sido un personaje oscuro, conocido como el hombre de negro, y estaba llevando una vida alejada de la fe y del camino recto, el perfecto contrapunto de “el hombre de blanco”. Esta tensión entre diferentes facetas de su personalidad constituye uno de los elementos centrales de la construcción del Johnny Cash artista. De este modo, la coexistencia de culpa y redención, de pecado y fe, fue el elemento definitorio de su música y de su vida[13].
Johnny Cash y la Biblia
En su última etapa, la trayectoria artística de Johnny Cash se encontraba plenamente consolidada. En sus reflexiones autobiográficas, el músico llegó a definirse como una suerte de predicador que alcanzaba a los fieles a través de sus canciones. Cash entendía la música como un vehículo privilegiado para transmitir el mensaje cristiano y llegó a plantearse la posibilidad de abandonar los escenarios para recuperar el oficio evangelizador de su abuelo. Esta concepción de la música como ministerio religioso ha sido destacada por diversos estudiosos de su obra, que han subrayado la dimensión moral y espiritual presente incluso en sus composiciones no estrictamente religiosas[14].Como ya hemos indicado, esta concepción de la música como vehículo de transmisión religiosa surgió en un momento en que contempló abandonar su carrera artística para dedicarse a la predicación. Sin embargo, June Carter lo animó a continuar y a predicar a través de la música[15].
El interés de Cash por el estudio de la Biblia fue profundo y sostenido a lo largo de su vida. En gran medida influido por Pop Carter -padre de June Carter- y por su pertenencia a la Iglesia Bautista, centró su atención especialmente en los textos del Nuevo Testamento. Su formación religiosa la completó en el Bill Hamon’s International Christian School of Theology y con la asistencia a diversos seminarios bíblicos. Asimismo, reunió una extensa biblioteca personal dedicada al estudio de las Escrituras, compuesta no solo por obras exegéticas y comentarios bíblicos, sino también por textos de carácter histórico y religioso que complementaban su comprensión del mundo bíblico. Entre ellos se encontraban las Antigüedades judías de Josefo[16] o el Libro de los mártires de John Foxe, entre otras obras de referencia.
Su dedicación al estudio de las Escrituras trascendió el ámbito de la lectura. Llegó a grabar una lectura íntegra del Nuevo Testamento y, según relata en su autobiografía, acostumbraba a poner a prueba sus conocimientos bíblicos mediante ejercicios de memorización y análisis de pasajes concretos. También se planteaba preguntas relacionadas con el contenido del texto sagrado, como la frecuencia de aparición de determinados términos o la localización de pasajes específicos. Estas prácticas evidencian una relación constante y activa con las Escrituras, concebidas no solo como objeto de fe, sino también de estudio y reflexión intelectual. Del mismo modo, sus vínculos personales con figuras destacadas del cristianismo evangélico, como Jimmy Snow o Billy Graham, favorecieron conversaciones y debates sobre la Biblia, la figura de Jesús y otros personajes bíblicos, reforzando así su interés por profundizar en el conocimiento de la tradición cristiana[17].
Una canción que ilustra de manera especialmente significativa la influencia de las Escrituras en su obra es de “The Man Comes Around”, incluida en el álbum American IV: The Man Comes Around (2002), una de las composiciones más explícitamente inspiradas en la imaginería y el lenguaje apocalípticos del Nuevo Testamento[18].
Se trata de uno de los últimos trabajos de Johnny Cash. En esta etapa final de su vida, el cantante parecía haber encontrado la paz espiritual: sentía que sus pecados habían sido redimidos y que transitaba el camino correcto. Preparado para afrontar sus últimos días, asumía con serenidad la cercanía de la muerte -había sido diagnosticado con una enfermedad neurodegenerativa- mientras aguardaba el Juicio Final. Los discos publicados durante estos años reflejan esa visión trascendental, con canciones que giran en torno a la redención, el arrepentimiento y el fin de los tiempos.
Fue también en este periodo cuando grabó su célebre versión de “Hurt”, considerada hoy una de las interpretaciones más conmovedoras de su carrera. En 2003 falleció June Carter, su compañera de vida, y apenas cuatro meses después lo haría él.
The Man Comes Around
La canción se inicia con la recitación de un fragmento del libro bíblico del Apocalipsis, concretamente del versículo 6,2, recurso que sitúa al oyente desde el primer momento en un marco claramente escatológico. Tras esta introducción, la música da paso a la interpretación vocal de Johnny Cash, quien desarrolla un discurso lírico profundamente influido por el imaginario bíblico[19].
En la letra, junto a las citas explícitas, aparecen numerosas alusiones indirectas a personajes, símbolos y episodios bíblicos que remiten a diferentes libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
El origen de la composición resulta especialmente significativo para comprender su contenido. Según relató el propio Johnny Cash, la idea surgió a partir de un sueño en el que mantenía una conversación con la reina Isabel II en el Palacio de Buckingham. Durante ese encuentro onírico, la monarca le decía: “Johnny Cash, you are like a thorn tree in a whirlwind” (“Johnny Cash, eres como un espino en medio de un torbellino”). Al despertar, el músico quedó intrigado por la expresión, que le resultaba extrañamente familiar. Tras investigar su procedencia, descubrió que la imagen remitía al libro de Job, uno de los textos sapienciales más complejos del Antiguo Testamento. Este hallazgo despertó su interés por desarrollar una composición inspirada en la literatura bíblica, proceso creativo que terminó conduciéndolo al libro del Apocalipsis y a su rica simbología sobre el juicio, la redención y el fin de los tiempos[20].
A continuación se presenta la letra de la canción traducida al español, acompañada de un análisis de las principales referencias bíblicas identificadas en el texto. Se distinguen tanto las citas directas de las Escrituras como aquellas alusiones indirectas que, mediante imágenes, símbolos o evocaciones narrativas, contribuyen a enriquecer el significado religioso de la composición.
Y oí, como si fuera, el ruido de un trueno,[21]
una de las cuatro bestias[22] diciendo:
«Ven y mira».[23] Y miré, y he aquí un caballo blanco. [24]
Hay un hombre que va por ahí dando nombres, [25]
y decide a quién liberar y a quién culpar.[26]
No todos serán tratados de la misma manera.
Habrá una escalera dorada descendiendo desde lo alto [27]
cuando venga el Hombre.[28]
Los pelos de tus brazos se erizarán
por el terror que hay en cada sorbo y en cada bocado.
¿Participarás de esa última copa ofrecida [29]
o desaparecerás en el campo del alfarero?[30]
cuando venga el Hombre
Oíd las trompetas, oíd las gaitas[31]
cien millones de ángeles cantando [32]
Multitudes marchan al son del gran timbal
Voces que llaman, voces que lloran;
unos nacen y otros mueren.[33]
Es la llegada del Reino de Alfa y Omega [34]
Y el torbellino está en el espino [35]
Las vírgenes están arreglando sus mechas[36]
El torbellino está en el espino
Es duro para ti dar coces contra el aguijón [37]
Hasta el Armagedón, ni shalam ni shalom [38]
Entonces la gallina padre llamará a casa a sus polluelos [39]
El sabio se inclinará ante el trono
y a sus pies arrojarán sus coronas de oro [40]
Cuando venga el Hombre
Quien sea injusto, que siga siendo injusto;
quien sea justo, que siga siendo justo;
quien sea impuro, que siga siendo impuro.
Escucha las palabras escritas desde antiguo,
cuando venga el Hombre [41]
Estribillo
Oíd las trompetas, oíd las gaitas
cien millones de ángeles cantando
Multitudes marchan al son del gran timbal
Voces que llaman, voces que lloran;
unos nacen y otros mueren.
Es la llegada del Reino de Alfa y Omega
Y el torbellino está en el espino
Las vírgenes están arreglando sus mechas
El torbellino está en el espino
Es duro para ti dar coces contra el aguijón
Con medidas de quintales y peniques[42]
Cuando venga el Hombre
«Y oí una voz en medio de las cuatro bestias;
y miré, y he aquí un caballo amarillo.
Y el nombre de quien lo montaba era Muerte,
y el Hades le seguía».[43]

Portada del álbum American IV: The Man Comes Around.
Conclusiones
La interpretación de The Man Comes Aroundpuede enriquecerse si se pone en diálogo con los estudios contemporáneos sobre la recepción cultural del Apocalipsis. Diversos autores han señalado que el libro de la Revelación ha trascendido ampliamente el ámbito estrictamente religioso para convertirse en un lenguaje simbólico utilizado por escritores, cineastas y músicos con el fin de reflexionar sobre las crisis históricas, la justicia y el destino humano. En este sentido, la canción de Johnny Cash no constituye únicamente una adaptación de imágenes bíblicas, sino una reelaboración personal de la tradición apocalíptica cristiana. Como ha señalado William John Lyons, la importancia de la obra no reside tanto en la exactitud exegética de sus referencias como en la manera en que el artista reinterpreta el texto bíblico para expresar las propias preocupaciones espirituales y existenciales[44]. Desde esta perspectiva, Cash actúa como un receptor activo de la tradición bíblica, capaz de actualizar su significado para una audiencia contemporánea.
Asimismo, la presencia constante de temas como la culpa, la redención y el juicio permite situar la producción tardía de Cash dentro de un marco más amplio de estudios sobre religión y cultura popular. Investigaciones recientes han destacado que numerosos artistas procedentes del sur de Estados Unidos incorporaron elementos del protestantismo evangélico a sus obras sin pretender elaborar discursos teológicos sistemáticos, sino utilizando el lenguaje religioso como herramienta para interpretar sus experiencias. La trayectoria de Johnny Cash encaja especialmente bien en este fenómeno, ya que sus composiciones muestran cómo las narrativas bíblicas funcionan como un recurso para construir una identidad marcada por la tensión entre caída y redención. The Man Comes Aroundrepresenta, en este sentido, la culminación de un proceso artístico y espiritual en el que la tradición cristiana se convierte no solo en una fuente de inspiración estética, sino también en un marco de comprensión de la propia vida y de la proximidad de la muerte.
El análisis realizado permite afirmar que la dimensión religiosa constituyó uno de los elementos centrales en la vida y la producción artística de Johnny Cash. Su relación con la fe no fue lineal ni exenta de conflictos, sino que estuvo marcada por períodos de acercamiento y distanciamiento que reflejan las tensiones personales que experimentó a lo largo de su trayectoria vital.
Los episodios de adicción y crisis personal que marcaron buena parte de su vida supusieron momentos de profunda fractura emocional y espiritual. Sin embargo, su proceso de rehabilitación y la reconstrucción de su vida junto a June Carter favorecieron un renovado acercamiento al cristianismo, que coincidió además con una nueva etapa de creatividad y reconocimiento artístico. Este proceso de transformación personal se refleja de manera evidente en sus composiciones, donde la búsqueda de sentido y la reflexión religiosa ocupan un lugar destacado.
El estudio de sus canciones permite identificar una evolución temática que acompaña su experiencia vital. En ellas se observa, en primer lugar, una etapa caracterizada por la incertidumbre y el sentimiento de alejamiento de Dios; posteriormente, un proceso de reconciliación espiritual; y, finalmente, una fase de mayor madurez religiosa, en la que las referencias bíblicas y la reflexión sobre las Escrituras adquieren una presencia cada vez más significativa.
En este contexto, The Man Comes Aroundconstituye una de las expresiones más representativas de la relación entre música y religión en la obra de Cash. La canción destaca por la abundancia y complejidad de sus referencias bíblicas, especialmente aquellas procedentes del libro del Apocalipsis. Más allá de la mera incorporación de citas o imágenes religiosas, la composición revela un conocimiento profundo de los textos bíblicos y una capacidad singular para reinterpretarlos desde una perspectiva personal y artística.
A través de esta obra, Cash ofrece una reflexión sobre el juicio, la redención y la inevitabilidad de la muerte. La combinación entre la letra, la estructura musical y el tono interpretativo generan una atmósfera de serenidad que contrasta con la intensidad de las imágenes apocalípticas descritas. Lejos de transmitir miedo o desesperación, la canción parece presentar la llegada del final como una realidad asumida y aceptada.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante si se considera el momento vital en que fue compuesta. En los últimos años de su vida, marcados por el deterioro físico y por la muerte, Johnny Cash mostró una creciente preocupación por las cuestiones relativas al fin de la vida y la trascendencia. En este sentido, The Man Comes Aroundpuede interpretarse como una síntesis de las principales inquietudes espirituales que lo acompañaron durante décadas: la culpa, la búsqueda del perdón, la esperanza de redención y la confianza en el juicio divino. La canción se convierte así no solo en una manifestación artística de su fe, sino también en un testimonio de la paz espiritual que parecía haber alcanzado al final de su vida.
NOTAS
[1]Cf. Bruce Davis Forbes, “Finding Religion in unexpecting Places” en B. D. Forbes y J. H. Mahan (eds.), Religion and Popular Culture in America (Berkeley: University of California Press, 2017), pp. 1-24.
[2]Johnny Cash, Man in Black. Su propia historia en sus propias palabras, trad. Javier Lucini (Madrid: A. Machado Libros, 2016), fecha original 1975, pp. 35-38.
[3]Cash, Man in Black, (trad. Lucini), pp. 40-41.
[4]Cash, Man in Black, (trad. Lucini), p. 47.
[5]Cash, Man in Black, (trad. Lucini), pp. 55-58.
[6]Sobre su adicción, Cash dedica varios capítulos de su autobiografía en los que habla de un demonio llamado “Engaño” que lo lleva siempre a consumir más pastillas.
[7]K. D. Tunnell y M. S. Hamm, “Singing across the scars of wrong: Johnny Cash and his struggle for social justice”, Crime, Media, Culture: An International Journal, 5(3) (2009), pp. 268-284.
[8]Durante su vida, Cash se lamentó muchas veces por distanciarse de la religión, principalmente por no asistir a los servicios en domingo o no rezar antes de dormir. Todo ello, según Cash, se debió al propio ritmo de la vida que llevaba y a las drogas.
[9]El propio Johnny Cash describe cómo, fruto de las drogas, oía voces y una de ellas era Dios el que le hablaba, cf. Cash, Man in black, pp. 136-138.
[10]Eduardo Izquierdo, Johnny Cash. Apocalipsis y redención, (Valencia: Efe Eme, 2021), pp. 83-86.
[11]Richard Beck, Trains,Jesus, and Murder: The Gospel According to Johnny Cash(Minneapolis: Fortress Press, 2016).
[12]La canción original fue escrita por Kris Kristofferson y grabada por Ray Stevens en 1969. Johnny Cash la presentó en uno de los episodios de su programa de televisión, haciendo que su versión llegara a lo más alto.
[13]Según Edwards, la fuerza de su figura pública reside precisamente en la capacidad de encarnar identidades aparentemente opuestas sin resolver completamente sus contradicciones, cf. Leigh H. Edwards,Johnny Cash and the Paradox of American Identity.(Bloomington: Indiana University Press, 2009).
[14]R. Beck, Trains, Jesus, and Murder…
[15]Cash, Man in Black, (trad. Lucini), pp. 26-27.
[16]Cash, Man in Black, (trad. Lucini), p. 197.
[17]William John Lyons, “The Apocalypse according to Johnny cash: examining the ‘effect’ of the Book of Revelation on a contemporary apocalyptic writer”, en W. J. Lyons y Jorunn Økland (ed.), The Way the World Ends? The Apocalypse of John in Culture and Ideology,(Sheffield: Sheffield Phoenix, 2009), pp. 95-122, esp. 100-101.
[18]El propio Cash lo describe en las notas de su álbum, American IV(2002).
[19]Cash, Liner notes [notas], American IV (2002).
[20]Cash, Liner notes [notas], American IV (2002).
[21]Apocalipsis 10,3-4, donde se describe el sonido de los “siete truenos”. Este motivo se relaciona simbólicamente con la voz divina en otros pasajes bíblicos, como Job 37,2-5 y Juan 12,28-29, en los que el trueno actúa como manifestación de la presencia o comunicación de Dios.
[22]La alusión a las “bestias” remite directamente al libro del Apocalipsis. No obstante, la referencia a cuatro y no a dos bestias -como sucede en Apocalipsis- podría sugerir una intertextualidad ampliada con Daniel 7, donde se describen cuatro criaturas simbólicas asociadas a visiones escatológicas y de juicio. Aquí podemos apreciar el conocimiento que tenía Cash de los textos sagrados, lo que le permitía jugar con la simbología en sus letras.
[23]Ap. 6 constituye el eje estructural de la canción, ya que gran parte de su imaginario simbólico y narrativo se articula en torno a este capítulo, especialmente en lo relativo a la apertura de los sellos y el inicio de los juicios.
[24]Ap. 6,1-2: describe la apertura del primer sello y la aparición del jinete del caballo blanco, figura asociada tradicionalmente a la conquista o al inicio del juicio divino, elemento que en la canción adquiere un fuerte valor simbólico de comienzo escatológico.
[25]Ap. 3,5; 13,8; 17,8; 20,15; 21,27: pasajes vinculados al “libro de la vida”, en los que se establece la idea de inscripción divina de los justos y exclusión de los condenados, reforzando el motivo del juicio final y la salvación.
[26]Ez 9,2-10,7; Ap. 22,11 pasajes que desarrollan la temática del juicio divino inminente y la separación entre justos e injustos, así como la fijación irreversible del destino moral de cada individuo.
[27]La imagen de la escalera remite a la “escalera de Jacob” (Génesis 28,10-19), símbolo de conexión entre el cielo y la tierra mediante la cual los ángeles ascienden y descienden, representando la comunicación entre lo divino y lo humano y la apertura de un espacio de revelación.
[28]Mt 27,7 alude al destino del dinero de la traición de Judas, empleado para la compra del “campo del alfarero”, episodio cargado de connotaciones de culpa, destino y cumplimiento profético.
[29]Mt 26, 27-28 recoge las palabras de la institución de la Eucaristía durante la Última Cena, donde el vino simboliza la sangre de la alianza derramada para el perdón de los pecados.
[30]Mt 27,3-8 narra el arrepentimiento de Judas tras la traición y su posterior suicidio, subrayando la dimensión de culpa y desesperación ante el pecado cometido.
[31]Ap. 8-11, desarrolla la visión de las trompetas apocalípticas, que anuncian progresivamente juicios divinos sobre la creación, intensificando la dimensión de advertencia y culminación escatológica del relato.
[32]Ap. 5,11-12, presenta la alabanza celestial al Cordero, símbolo de Cristo, exaltado por su sacrificio redentor y su dignidad para abrir los sellos del libro divino.
[33]Recuerda el ciclo de la vida, el comienzo y el final de todo.
[34]Ap. 1,8-11; 21,6; 22,13: son pasajes en los que se presenta a Dios (y a Cristo en la tradición cristiana) como el Alfa y la Omega, subrayando su eternidad, su soberanía absoluta sobre la historia y su condición de principio y fin de toda realidad.
[35]Se refiere al sueño de Johnny Cash con la reina Isabel II y al pasaje del libro de Job, así como a Mateo 25: estos elementos se articulan como un conjunto simbólico que vincula la experiencia onírica con la tradición bíblica sapiencial y escatológica. En particular, Mateo 25 introduce la temática del juicio final y la responsabilidad moral del individuo ante Dios.
[36]Mt 25,7 que nos habla de la parábola de las diez vírgenes, en la que el encendido de las lámparas simboliza la preparación espiritual y la vigilancia ante la llegada del esposo, imagen asociada tradicionalmente al juicio y a la venida de Cristo.
[37]Hch 26,14, donde se describe el episodio de la conversión de Saulo en el camino a Damasco, donde la voz divina interpela directamente al individuo, marcando un punto de inflexión radical en su vida espiritual.
[38]Ap. 16,16 donde se introduce el Armagedón del que nos hablará en su canción.
[39]Mt 23,37 que habla del lamento de Jesús sobre Jerusalén, en el que se expresa la tensión entre la voluntad divina de protección y el rechazo humano, subrayando la dimensión de rechazo y acogida en la relación con lo sagrado.
[40]Ap. 4,4-10 que describe la visión del trono celestial, en la que seres celestiales y figuras simbólicas rodean a Dios en una escena de adoración continua, representando la majestad divina y el orden cósmico, especialmente Ap. 4,10, que describe a los veinticuatro ancianos postrándose ante Dios y arrojando sus coronas en señal de reconocimiento de su soberanía absoluta, gesto que simboliza la sumisión total ante lo divino.
[41]En este fragmento, Johnny Cash aborda la centralidad del Juicio Final como momento definitivo en el que la acción humana queda fijada y no admite posibilidad de rectificación, subrayando la irrevocabilidad del destino moral una vez consumado el juicio divino.
[42]Ap 6,6 que alude a la aparición de la balanza, símbolo tradicional de justicia y de evaluación moral, que remite a la idea de medida exacta de las acciones humanas en el contexto del juicio escatológico.
[43]Ap 6,7-8 que nos describe la apertura del cuarto sello y la aparición del jinete del caballo pálido, identificado con la Muerte, simbolizando la extensión del juicio divino sobre la humanidad y la inevitabilidad del destino final.
[44]William John Lyons, “The Apocalypse according to Johnny cash”, pp. 102-105.
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