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¿Qué pasaría si...?: What if?


Xan Eguía

Doctor en Filosofía.






Resumen


What if apareció en el año 1977 como una colección extraña dentro del universo Marvel. Si conocías sus personajes, aventuras y destinos, la colección te ofrecía posibilidades inimaginables, realidades alternativas tan locas como aquella en la cual Wolverine/Lobezno se convertía en vampiro, o la Tía May de Peter Parker, alias Spider-man, era quien adquiría los poderes arácnidos. En España, el primer número publicado por Fórum fue aquella extraña aventura en la que Conan el bárbaro visitaba New York. Esto abre un campo de posibilidades cuasi-cuánticas, invita a pensar en el determinismo y la imaginación de nuestras mentes cuadriculadamente racionales, en la re-interpretación hermenéutica de toda narrativa, incluido el devenir humano, la sociedad y nuestra historia personal. What if cuestiona la identidad de toda narrativa.



Palabras clave 


What if, cómic, determinismo, literatura, hermenéutica, libre albedrío.

 



Fue el What if? #13, aquel en el que Conan pisaba Nueva York (What If Conan the Barbarian Walked the Earth Today?), escrito e ilustrado por una de las parejas más importantes de la historia del bárbaro cimmerio, Roy Thomas y John Buscema, el que me dio ese primer toque de atención. En España se convirtió en el espectacular arranque de la colección, publicado en 1989 por Cómics Fórum. La cubierta, por si no fuera suficiente estímulo, era una versión de aquella otra realidad alternativa de Días del futuro pasado, de los X-men, donde descubrimos un futuro alternativo en la que los mutantes son encerrados en campos de concentración, cuando no son asesinados por los Centinelas. Rizar rizos. 


La colección se basa en la observación, siempre neutral, de un extraterrestre llamado Uatu, uno de los Vigilantes, el cual hace textualmente lo que su nombre indica: vigilar, cubrir la noticia allá donde fuese requerido, tomar nota, pero sin involucrarse. Como premisa es estupenda para, como es de esperar, romperla. Pero eso lo dejamos para otra ocasión. Es un tipo enorme y cabezón, pelado como Humpty Dumpty, muy serio, que nos cuenta posibilidades nunca sucedidas, pero que podrían haberlo sido, o lo son, pero en otro universo, muy lejos, cosas de esas que la física augura como posibles dentro de la infinitud del cosmos; en algún lugar debe estar sucediendo, las probabilidades juegan a su favor. Como es de esperar, y después de ser bombardeados por el cine/series de superhéroes cual lluvia de neutrinos sobre nuestras cabezas atravesando nuestros cuerpos, ya estamos acostumbrados a los multiversos, llegando a esa incómoda sensación del todo vale. Como ver a Conan paseándose por el Guggenheim de Nueva York, por ejemplo. Divertido es, de eso no cabe la menor duda.


La cuestión es más compleja; o más sencilla, según se mire. En realidad, solo es compleja para mí, que veo como estas nuevas sagas del séptimo arte cuestionan mis creencias infantiles en un canon estricto, universos cerrados con leyes claras de límites precisos y tranquilizadores. Pero ya hubo pistas, como aquellos encuentros entre superhéroes de universos comerciales tan opuestos como DC y Marvel. Superman y Spider-man ya se habían conocido en los cómics, al igual Batman y La masa (posteriormente conocido como Hulk), e incluso Superman recibió clases de boxeo del mismísimo Muhammad Ali. 

Establecer una línea de conexión entre los universos capitalistas más grandes del género ya es una invitación a cuestionar la realidad de sus contextos y naturalezas. En primer lugar, el mismo género literario. Los superhéroes son definibles, la mayor parte de las veces, como ciencia ficción. Arañas radioactivas, rayos gamma, extraterrestres que adquieren poder de un sol amarillo, trajes de combate de avanzada tecnología. Otros, en menor número, pueden estar relacionados con la magia o panteones divinos. Fábula, imaginación, pacto de ficción. Es la diferencia entre la ciencia ficción hard, aquella que trata de proponer futuros posibles a partir de los últimos avances de la ciencia, y esa otra ciencia ficción fantástica que, entre naves espaciales y rayos láser, se aleja de la ciencia para derrochar fantasía creando fuerzas cósmicas jedi, los Señores del Tiempo del Doctor Who o al enviado de la profecía de Dune, el Lisan al Gaib. A ver, ningún superhéroe es hard sci-fi, creo.


Así que la primera cuestión es demasiado obvia: los superhéroes contienen dentro de sí un What if en el que cualquier personaje podría haber sido alguien diferente, o no haber muerto, o haberse convertido en un genocida. Solo es válido para iniciados que emocionalmente se sienten ligados a este subgénero, a los mensajes que reinventan lo heroico, la decisión moral y algo de amor de telenovela. Sería como un What if para amantes del western y pensar la posibilidad de que el hombre que mató a Liberty Valance en El hombre que mató a Liberty Valance no fuese realmente el hombre que mató a Liberty Balance; ¿ha quedado claro?


Ahora bien, si observamos desde un punto de vista más global todo el género en sí, todo el concepto superheroico es un subgénero dentro de la ciencia ficción, lo que quiere decir que: todos los superhéroes son un What if. Todos.


Un día tu madre se para en el quiosco y accede a intercambiar un par de monedas por unas páginas impresas. La quiosquera, envuelta en un aura extraña que oculta a un extraterrestre cabezón, pregunta: ¿estás dispuesto a entrar en un mundo donde existen tipos con poderes asombrosos? Tendrás que aceptar dicha posibilidad como real, aceptar sus reglas, aceptar que, una vez leas el primer número, tú habrás cambiado, pues habrás conocido un universo el cual, intelectualmente, emocionalmente, literariamente, existe. Y ya no podrás dar marcha atrás.


Alguien creó los superhéroes, y eso ya nadie puede cambiarlo.


No puedo dejar de pensar en el llamado círculo hermenéutico. Hermenéutica como estudio, análisis del mito, posteriormente exégesis bíblica, finalmente estudio de cualquier texto o mensaje simbólico. El círculo refiere a esa fusión de horizontes que engloba al autor y al intérprete, de modo que no hay ya una lectura virgen de una obra literaria. Alguien nos la ha recomendado, hemos leído un anuncio o la sinopsis, el prólogo de un autor o editor más o menos solvente, el que dicen o el qué dirán, las malas lenguas, la fama merecida o la otra. El señor Alonso Quijano nunca es terreno virgen, se ha hablado demasiado de él, no hay opción a entrar en una librería y decir: ¿Qué es esto?, ¿quién es Cervantes? Podría ser, eso sí, un What if interesante; un lector o lectora que no tiene ni la más mínima idea de quién es Quijote o su autor. ¿Podría?


El círculo asume los prejuicios del autor, por tanto, no hay lectura completamente neutral, lo cual no es necesariamente malo, puede servir como acicate a la autocrítica, al descubrimiento, a ser capaces de cambiar de idea. Eso ya sería otro What if (lo de ser capaces de cambiar de idea). Así que el círculo crece en espiral, sumando las sesudas interpretaciones acerca de una narrativa, que se suman a la intención primera del autor o autora, incluso a lo que no fue consciente de transmitir o no fue su intención. Superman como mesías caucásico, Kal-El cómo posibilidad hebrea, como americano defensor del american way of life, incluso el último héroe woke que interviene en una guerra para evitar genocidios, 'Cause I'm a punk rocker, yes, I am.


Llegados a este punto, surge una segunda cuestión: todo el género de la ciencia ficción, la hard y la fantástica, es un What if. Mundos inexistentes en los que entramos con la mente y la ilusión abierta, sintiendo un universo de sentido, con sus propias reglas, estéticas, valores y capacidad de hacernos reír, llorar, cambiar. La posibilidad de enfrentar nuestra mente y nuestro corazón al juego y a la posibilidad.


Entonces, más allá de la ciencia ficción, mucho más allá o quizá mucho más acá, surge la duda: ¿y si toda narrativa es un What if?


Alonso Quijano es la posibilidad de un hidalgo a quien la literatura, o la realidad, llena de personas que definen de forma triste aquello llamado persona, camina entre la locura, el genio, el deseo y la imaginación, quizá el desespero y la necesidad de sentir que puede cambiar las cosas. Es un pacto de ficción, un ¿y si…?


Cualquier narrativa se ha transformado. Desde que las contemplo como un ejercicio de posibilidad, ni siquiera una novela de corte realista me parece mínimamente real. Son ficciones de imposibles, con personas imposibles que configuran lo que todavía no somos o lo que quisiéramos ser, lo que debemos o lo que no debemos; son un elemento literario que cumple una función expresiva. Como un electrón que transita la experimental doble rendija al mismo tiempo. Si observo, el electrón colapsa en una sola posibilidad, pero ha pasado por ambas rendijas[1].


Pierre-Simon Laplace nos comentó algo sobre el determinismo científico. Algo así como, un argumento que suena demasiado a científico-loco-supervillánico, como, ya sabes, la posibilidad de discernir, de avanzar, vaticinar el próximo movimiento del universo en el siguiente instante a este mismo milisegundo si tuviéramos todas las fórmulas que dirigen el movimiento y naturaleza de cada partícula, las absolutas leyes de la física absoluta. Lo llamó, como todo buen supervillano, el Demonio de Laplace. Si conociéramos todo el saber universal, podríamos predecir el futuro. Pero ¿dónde quedaría el libre albedrío?


Superman ríe, ríe Lex Luthor. Todo movimiento físico, sí, mas: ¿y el pensamiento humano? Cada decisión, emoción, desvarío de la mente, la locura, la creación poética. El agente Smith de la Matrix tensa la mandíbula, Dalí se descojona en su tumba, Rosalía de Castro escribe un verso. Y Robert Sapolsky. Sapolsky (estudioso neurólogo donde los haya) observa babuinos, y sabe Dios qué más cercopitecoides, y nos mete de lleno en el estudio de la mente humana. Demasiados factores que no están en nuestras manos. No decidimos, no existe el libre albedrío.


Si existen tantas versiones interpretativas del Quijote, es que no existe el libre albedrío, dice, no hay univocidad. Si Conan el bárbaro ha estado en Nueva York y a nadie le extraña, elucubra, es que nadie es completamente racional.


Una neurona, argumenta Sapolsky, está conectada a otros miles de neuronas. No es una isla, no somos islas. Las hormonas regulan emociones y genes, y los genes regulan la toma de decisiones. Y el gen es longevo, es fruto de la evolución. «No somos ni más ni menos que la suma de aquello que no pudimos controlar: nuestra biología, nuestro entorno y la interacción entre ambos»[2]. Nuestras neuronas reaccionan, hormonas, péptidos, nuestro organismo es una máquina que puede descifrarse; como el Demonio de Laplace en su versión neuronal, somos descifrables, determinismo psicológico.


Si fuese así, ¿dónde queda el arte, la creatividad, la poesía, los puñeteros superhéroes? Quizá la explicación científica, gélida, racional de los seres que seremos si evolucionamos en la línea absurda que algunos consideran; esa en la cual somos seres cabezudos-hiper-cerebrados maquinalmente coherentes y racionales. ¿Qué habremos ganado? Tú no lo sabes, nuestros ellos futuros sí, pero nos resistimos a perder el libre albedrío de la tierra, el océano y la espada, la capa del extraterrestre divino, la magia del niño de la cicatriz en la frente, el arte, la improvisación y la sorpresa. La ilusión por el futuro, o por no ser lo que la ciencia dice que somos.


La vida es círculo hermenéutico, cada vez que aprendemos algo se suma a lo que somos y ya nada es lo mismo. Lo que es, lo que podría haber sido, lo que nunca será. Qué mierda hacerse mayor. Es un What if cada reinterpretación del ser original. Y todo queda atrás. Perdemos poética, o la poesía cambia. Los mitos tenían esa extraña posibilidad de la duda, de la elección. Edipo podía no haberse acostado con su madre, Prometeo podría no haber arriesgado su vida, su libertad, el daño infligido; pero se arriesgó, se sacrificó. Es el Schrödinger de la mitología, de la narrativa, de la poesía. Es el constante, impenitente, cansino recordatorio de la duda, la elección, lo que podría haber sido y no fue.


Todo es un What if.


Toda literatura, toda posible consideración de la consecuencia.


Por eso somos, y eso estamos empeñados en recordarnos cada día de mil formas, seres narrativos que nacen, se empeñan en generar sentido y mueren. El tiempo que se sucede mientras un algo da lugar a un otro. Mientras, nos atrevemos a tomar decisiones y cegamos otras, las que vemos, las que nos negamos a imaginar. Las que un miedo ancestral oculta.


Repasamos las novedades del día y, de nuevo, una guerra, un asesinato, violaciones, corrupción. Estamos en un mundo donde Elon Musk insinúa que vivimos en una simulación ia. Podemos ser un programa, o una holografía ontológicamente indeterminada. Podemos vivir en un universo que es resultado del choque de dos branas cuatridimensionales de un tamaño que deja nuestro universo en la ridiculez de una pulga tridimensional. Y solo pensamos en una cosa, ¿y si no viviéramos en un mundo donde Trump no fuese presidente, donde la guerra fuese pecado, donde un lago en calma fuese el espejo dónde mirarnos? Pero esas son tres cosas, demasiadas. Así que, de nuevo la elección y la duda nos superan y solo pensamos en aquellos héroes que podían vivir y morir, dando sentido al sinsentido de nuestro cosmos juvenil, que espera que el What if universal sea la consecución de una buena historia enmarcada en viñetas donde el héroe es el héroe, el malo es el malo y, aunque no siempre ganemos, tendremos las cosas meridianamente claras.


Es siempre más fácil observar al electrón pasar por una sola de las rendijas, que colapse nuestra visión del mundo en un algo con sentido, sin necesidad de pensar, de actuar, en una opción unívoca e irreversiblemente emocional, moral y oportunamente certera. Pero siempre estará esa posibilidad, el ¿y si…? que nos lleva a colarnos por la segunda rendija, a aventurarnos por universos cuatridimensionales, como las viñetas cuadrangulares, cuatricómicas, que hacen estallar como fuegos artificiales las neuronas de nuestros cerebros. Entonces…


¿y si arde el mundo?




Bibliografía:

Gilmore, Robert. Alicia en el País de los Cuantos: Una alegoría de la física cuántica. Madrid, Alianza, 2011.


Hacking, Ian. La domesticación del azar: la erosión del determinismo y el nacimiento de las ciencias del caos. Barcelona, Gedisa, 2009.


Howe, Sean. Marvel Comics. La historia jamás contada. Madrid, ES POP Ediciones, 2024.


Malcom, Ian. Life finds a way. Sorna, InGen Ed., 1993.


Rodríguez, Margarita. "No somos ni más ni menos que la suma de aquello que no pudimos controlar": Robert Sapolsky, el prestigioso neurocientífico que no cree en el libre albedrío. BBC NEWS. https://www.bbc.com/mundo/articles/c035p8kw6nlo


Sapolsky, Robert. Compórtate. Madrid, Capitán Swing Libros, 2019.


The most beautiful experiments in physics as chosen by real physicists. P. Crease, Robert. Physicsworld. 12 dic. 2002. https://physicsworld.com/a/the-most-beautiful-experiments-in-physics-as-chosen-by-real-physicists/



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Biografía:

Nacido en Vigo, inconsciente devoto de los mitos desde niño… si consideramos en esta categoría las novelas de aventuras, series, la ciencia ficción o el cómic. Diplomado en Magisterio, pero, además de trabajar con niños, la diversidad funcional y diversos proyectos de inclusión ocuparon su tiempo. Trabajó en un museo de arte contemporáneo, visitó Etiopía colaborando en adopciones especiales o buscó herramientas en actividades inclusivas, desde la música al graffiti.


Una cosa lleva a la otra y se puso a escribir e ilustrar mientras se doctora en Filosofía con una tesis titulada Mitología Futura. Los temas centrados en todo lo que el pensamiento mítico le dice que escriba acerca de la relación entre la antigua mitología y la cultura popular, novelas, superhéroes o fantasías espaciales. En eso sigue, escribiendo, dibujando, investigando mientras da clases de filosofía en secundaria y bachillerato, además de colaboraciones con la universidad. Al menos por ahora… nadie sabe qué depara el futuro.


[1]En diciembre del 2002, la revista Physics World preguntó a numerosos físicos cuál era el experimento más bello de la historia, y el experimento de la doble rendija de Young, en su versión con electrones individuales, fue elegido como el ganador.

https://physicsworld.com/a/the-most-beautiful-experiments-in-physics-as-chosen-by-real-physicists/

[2]«No somos ni más ni menos que la suma de aquello que no pudimos controlar»: Robert Sapolsky, el prestigioso neurocientífico que no cree en el libre albedrío. BBC NEWS. https://www.bbc.com/mundo/articles/c035p8kw6nlo