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Un casco habituado a resistir los golpes más terribles. Ilustración de Manolo Shaggy @manolo_shaggy

ENSAYO Y OPINIÓN



Magneto: round by round.



Marcos R. Cañas Pelayo

Doctor Europeo por la Universidad de Córdoba.

Profesor de Geografía e Historia en el IES Fidiana.







Palabras clave

Antihéroe, Genocidio, Magneto, Mutante y Terrorismo.





Ningún personaje del universo Marvel nos lleva a una zona tan grisácea como Erik Lehnsherr. Tal vez, según la etapa editorial, hayan oído hablar de él como Max Eisenhardt. Sea como fuere, la mera mención del nombre Magneto hace esbozar una mueca nostálgica en la persona aficionada al género superheroico. El antiguo líder de la Hermandad de Mutantes Diabólicos que terminó convirtiéndose en el sucesor de Charles Xavier como profesor de jóvenes talentos. El soñador y la víctima. O el deicida tornado en presencia tiránica que hace arquear la ceja incluso a supergrupos como los Vengadores. Con todo, si su casco tiene arañazos y abolladuras es por la Patrulla-X, temidos y odiados por un mundo al que han jurado proteger.


Viajamos hoy en Cariátide a algunas de sus batallas más míticas. Habrá algunos asaltos para él y otros serán para la banca contraria. Da igual, lo importante de Magnus siempre ha estado más allá del resultado. Sus paradojas, por desgracia, nunca dejarán de ser de rabiosa actualidad.


Round 1: ¡El supervillano más poderoso de la Tierra!

Lógicamente crecidos en confianza por su revolución con Los Cuatro Fantásticos, Stan Lee y Jack Kirby dieron otro vuelco al género superheroico en el verano de 1963. Aquel grupo adolescente comandado por el sabio profesor Charles Xavier, un regio telépata que imponía por su serena presencia desde su silla de ruedas, no era fruto de la magia o el poder del átomo. La Patrulla-X se componía de personas nacidas ya con un don, destinadas a ser odiadas por un mundo al que habían jurado proteger. Ni siquiera Kirby y Lee se dieron cuenta del enorme potencial que había detrás del apasionante concepto.


Junto con Jean (La Chica Maravillosa), Hank (La Bestia), Scott (Cíclope), “Bobby” (El Hombre de Hielo), Warren (El Ángel), el público de aquel debut recibió la promesa de una amenaza sin precedentes. Amparado en su ominoso casco rojo (posteriormente descubrimos que le protegía de los poderes mentales de Charles), Magneto exhibió en Cabo Ciudadela que el armamento y misiles del ejército estadounidense no era nada para él. A los pocos meses de ser frustrado de su efímera conquista por la cuadrilla de precoces prodigios educados en el condado de Westchester, le vimos rodeado de unos poco satisfechos ayudantes (sobresalía una pareja de hermanos europeos de parecido físico sospechoso con él, llamados Wanda y Pietro) bajo el estandarte de la Hermandad de los Mutantes Diabólicos.


Afirmaba ser el garante de la extinción del homo sapiens y el amanecer de una nueva raza superior. Sus ondas magnéticas y noble capa púrpura prometían, pero todavía no poseía rasgos de personalidad capaces de ponerle a la altura del Doctor Muerte, entre otros villanos inolvidables.


Round 2: El hábito del monje

Nadie podía culpar a Warren Worthington III, El Ángel de la Patrulla-X, por haberse dejado engañar. Acostumbrados a verlo como un ogro enfurecido que gritaba a través de su casco a unos subalternos reducidos al vasallaje más abyecto, ¿quién iba a pensar que el lápiz de Neal Adams mostraría que Magneto era un hombre maduro de cabellos blancos, no exento de atractivo y una voz melosa? El rescate de Warren tuvo lugar en la Tierra Salvaje y un feliz mutante diabólico fue capaz de engatusarlo momentáneamente para su causa, un experimento digno del doctor Moreau.


Corría el año de 1969 y volvería a perder contra sus archienemigos y Ka-Zar (el Tarzán de Marvel). Seguía siendo un villano de opereta que incluso pedía la mano de Jean Grey, la telépata predilecta de Charles Xavier, en plena batalla. No obstante, el diseño de Adams a este guion de Roy Thomas hizo mucho para el futuro del dueño del casco. Descubrimos que podía ser carismático.


Round 3: Afortunadamente irrepetible

Previamente a ser la gallina de los huevos de oro en el mundo del cómic, la comunidad mutante marvelita conoció cancelaciones y un papel residual dentro de ese cosmos de ficción. Magneto no escapó al destino de sus aborrecidos discípulos de Xavier y se vio en la ignominia durante la aparición de su temible Hermandad contra los Defensores en 1974: al finalizar la aventura, su castigo era volver a sus días como bebé. Una manera de quitarse a un archienemigo, cortesía del fallido Alpha, creación del propio amo del magnetismo.


Si bien era una historia inverosímil y un tanto sonrojante, permitió que hubiera un pequeño niño jugando en la Isla Muir regentada por la doctora Moira McTaggert, amiga íntima de Charles Xavier. Nadie podía imaginar que en 1975 se produjera la revolución con el Giant-Size que llevó a unos mutantes desconocidos (Tormenta, Rondador Nocturno, Lobezno, etc.) a rescatar al alumnado del profesor-X y reclamar un segundo intento de la franquicia para establecerse como estrellas. La jugada fue un éxito colosal que cogería las riendas definitivas cuando Chris Claremont se convirtió en el guionista principal del operativo.


En Uncanny X-Men # 104 (abril de 1977), el malvado Eric el Rojo encabezó un motín en los dominios de la doctora McTaggert. No solamente devolvió a Magneto a su estado adulto: creció con plenos poderes, rejuvenecido y sin el peso de tantos años de derrotas. Como Cíclope sospechó al acudir a aquel encuentro, sus nuevos camaradas eran tan buenos como inexpertos frente a un mutante impredecible. Únicamente Banshee pudo aguantar algún juego en un set abrumadoramente favorable a un antagonista que volvió para no perder nunca más su condición. Sin tapujos y para desesperación de Lobezno, aquella derrota de la Patrulla-X fue tan indudable como su huida para evitar males mayores.


Round 4: Thriller in Antarctica

Volcánica e inolvidable. Tal vez, aquella pelea fue la de mayor alto voltaje. Corría el verano de 1978 y una discusión artística permitió una mezcla perfecta. John Byrne, nuevo dibujante estrella de la colección, amparado en el entintado de Terry Austin, ilustraba a un Magneto aterrador, una apisonadora que bebía del fenómeno Darth Vader. Por su lado, Chris Claremont iba regalando pinceladas sobre que hubiera un alma tras el azote de los humanos.


Verle arrasando ante las cámaras de televisión bases militares de Nueva Zelanda servirían de inspiración a Jan y Efepé en la primera época de Superlópez con el Supergrupo. El antiguo enemigo había prometido la aniquilación y lo hizo: amparado en su don, el amo del metal arrastró a los pupilos de Charles Xavier a una de sus más sofisticadas bases bajo la Antártida. Parece advertirse la mano de Byrne cuando el villano afirma que nunca había sido aliado de un tipo tan inquietante como Mesmero y que el hipnotizador genético únicamente había servido a una versión robótica del antiguo líder de la Hermandad de Mutantes Diabólicos. Formas de borrar del mapa episodios extraños como su reclamada paternidad con Lorna Dane en el pasado.


El complejo de la Antártida donde encierra a sus rivales (reducidos, como él en el pasado, a la descoordinación de bebés cuidados por una amorosa y asfixiante nanny robótica) es descrito como una obra de arte tecnológica que habría podido firmar Anthony Stark. Recuperado física y mentalmente de su ostracismo, Scott Summers admitiría a regañadientes que su antiguo enemigo les había cogido el truco: resistía sus mejores disparos (incluyendo el creciente poder de la Jean Grey poseída por el Fénix) y luego los aniquilaba.


Solamente un esfuerzo sobrehumano de Tormenta, recordando su periplo como prodigio juvenil del latrocinio en El Cairo, habilitaría una fuga imposible en Uncanny X-Men # 113. Después de dos derrotas consecutivas frente a su verdugo particular, únicamente un esfuerzo colectivo y coordinado mentalmente por la señorita Grey consiguió dar un asalto de respiro para jugar con el factor sorpresa y asfixiar a Magneto. Pese a las garras de Logan y un puñetazo sideral de Coloso (tras arrancar Kurt Wagner el casco del dueño de la fortaleza ubicada a dos kilómetros por debajo de un volcán), la Patrulla-X apenas puedo ingeniárselas para sobrevivir e iniciar una odisea imposible por la Tierra Salvaje.


Creyendo momentáneamente que sus adversarios han perecido durante su huida de la lava, Claremont se salió, en parte, con la suya: con un aire melancólico, el supervillano lamentaba que sus planes acumularían polvo mientras reconstruía años de trabajo y sanaba sus costillas rotas. Lejos de su usual risotada triunfal tras los asaltos, aquella tercera pelea con la nueva Patrulla-X empezó a exhibir un reticente respeto y una clara melancolía.


Round 5: El fuego y la palabra

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Jim Shooter sostenía con mano de hierro el timón editorial de una Marvel que en la década de los ochenta estuvo en plena expansión de calidad e importancia. También fue la era de los pleitos. Y pocas cabeceras fueron más codiciadas que la mutante, aupada al buque insignia de la compañía. De patito feo a top-model en ventas.


Y eso merecía una novela gráfica (controvertido término) a la altura: Dios ama, el hombre mata (1982) resultó algo distinto. Brent Eric Anderson logró hacer realistas incluso a personajes tan extraordinarios como Scott u Ororo, casi una sensación de telediario para mostrar una de las batallas más intensas de la Patrulla-X: una guerra de sentimientos. El reverendo William Stryker y su campaña antimutante provocó algo que nos resultará dolorosamente familiar: pongan a inmigrantes, colectivo homosexual o cualquier minoría religiosa en alguna fase de la Historia. Las masacres de la muchedumbre, algo que despertará la conciencia de Magneto, quien se oferta desde el primer momento como un valioso aliado de las Kitty Pryde y compañía.


«He llorado sobre demasiadas tumbas, Patrulla X… no lo haré sobre las vuestras». Extrañas palabras para alguien que hasta ese momento era un maestro de la amenaza. Claremont y una prosa inspirada permitieron vislumbrar ese posible cruce de caminos entre dos filosofías. Lúcidamente, Erik afirmaría que la victoria contra el carismático Stryker había sido pírrica y nada había cambiado. No obstante, una parte de la comunidad lectora empezó a creer que el hombre del casco no había perdido del todo su alma.


Round 6: Times are changing

El Asteroide M representa mucho en la mitología de esta leyenda marvelita. Únicamente alguien con su poder podría reutilizar la carrera espacial de la Guerra Fría para hacerse un hogar apartado del mundanal ruido. Corría octubre de 1991 y una nueva cabecera de los X-Men arrancaba con una brutal splash page de Jim Lee donde Magneto dejaba claro a unos aspirantes a acólitos que quería olvidarse lo máximo posible del caos de esa bola de barro que cada vez le motivaba menos. No podía saber que uno de ellos, Fabian Cortez, iba a ser una serpiente en su edén.


De igual manera, el venerable patriarca Chris Claremont no era consciente de que estaba a punto de abandonar a su prole predilecta en la ficción: aquella década sería la de los dibujantes-estrellas como el propio Lee, la eclosión de la editorial independiente Image y un gusto por la página espectacular y las cubiertas alternativas por encima del diálogo. Sea como fuere, aquella trilogía fue la mezcla perfecta de ambos mundos: el artista de ascendencia coreana brindó la portada más célebre de Magnus de todos los tiempos, mientras el curtido escritor seguía reflexionando sobre sus grises: indignado por la masacre a los suyos en Genosha e incapaz, a su pesar, de cortar con sus viejos hábitos.


La aventura de alto voltaje, vigilancia de Nick Furia incluida, reconcilió al eterno superviviente de que comandará a corderos que quieren convertirse en tigres. «Podéis estar usando las mismas palabras, pero no habláis el mismo idioma» acierta a afirmar Pícara frente a un perplejo Charles Xavier. En la esencia de este diálogo hay mucha de la química que Patrick Stewart e Ian McKellen sabrían inyectar a sus contrapartidas en el universo cinematográfica arrancado por Bryan Singer en el año 2000.


Round 7: Golpes bajos

Scott Lobdell y Fabian Nicieza fueron las cabezas rectoras del evento Atracciones fatales, unos hechos que salpicarían a todas las series mutantes. A la altura de 1993, el homo superior de Marvel garantizaba ventas copiosas y sus títulos eran casi reinos de taifas independientes al resto de la Casa de las Ideas. En ella, Magneto volvía para recordar a sus fieles quién es el auténtico guía de su raza. Afectado por la muerte de su hermana, Coloso se dejó seducir por el carismático líder que halló las energías napoleónicas para un último hurra: había caído el Asteroide M y ahora bautizaba como Avalon su nuevo refugio.


«Una tragedia llamada vida, Logan». Desde el principio, el pequeño canadiense había sabido suscitar las iras de Erik. A diferencia de su viejo amigo Xavier o el liderazgo sereno de Scott Summers, el tipo con garras estaba en el radar del viejo jefe de la Hermandad de Mutantes Diabólicos desde que arañó su espalda con saña. Hasta ese momento las peleas ilustradas por luminarias como John Romita Junior o los hermanos Kubert entraban dentro de la lógica: sin embargo, para celebrar el trigésimo aniversario de la Patrulla-X, nuestro villano favorito dejó una secuencia aterradora.


Usando su don se permitió el lujo gore de extraer el adamantium del cuerpo de Lobezno. En aquel lugar con resonancias artúricas cruzó una línea que forzó a Charles: renunciando a su credo, usó todo su poder mental para dejarle en estado comatoso. Una trama triste y de tonos crepusculares donde hay una pequeña victoria moral para nuestro protagonista: durante toda la saga se especula con que Coloso sufra heridas mentales que le hayan llevado a ser miembro de los Acólitos. Finalmente, Piotr Rasputin confirma su libertad de elección y promete cuidar a su antiguo enemigo en las ruinas de Avalon.


Round 8: Victoria mutilada

Se había descubierto que estuvo en Auschwitz. Autores como Chris Claremont apostaron por ese giro de tuerca que daba una explicación racional (y con la que era fácil empatizar) de por qué Erik odiaba a la humanidad y creó al líder de los Mutantes Diabólicos como azote de venganza. Miniseries como El testamento de Magneto (2008-09) han incidido en ese pasado. La paradoja de haber sido víctima de una barbarie cuando latía en su interior un poder que hubiera podido hacer añicos todo el campamento nazi generaban una gran empatía en el público. De crearse hoy en día, la idea tendría el mismo impacto con un muchacho o una muchacha en Gaza o en un infierno minero a la caza de coltán.


El paso definitivo editorialmente para hacerlo un héroe de pleno derecho fue La Era de Apocalipsis (1995): un evento marvelita monopolizado por el homo superior donde Charles Xavier fallecía joven, no sin antes haber impactado profundamente en la filosofía de un hombre con cabellos plateados que ejercía como celador voluntario en Haifa. Sin el poderoso telépata, En Sabah Nur creaba una distopía en esa línea temporal donde los corrales de crianza recordarían a Magneto los horrores que presenció en la infancia o sus días errante con su amada Magda en los dominios de la URSS.


A mediados de los noventa, vimos una nueva versión del villano que encandiló. Fue capaz de crear su propia Patrulla-X, liderándola heroicamente para acabar con la amenaza de Apocalipsis en una colosal batalla donde su don fue fundamental. Mejor todavía, terminaba iniciando una relación con Pícara y volviendo a querer crear una familia. De hecho, que se restituyera la realidad correcta casi daba lástima por parte de un antagonista que ahora el mariscal de campo inmejorable del sueño de Charles.


Con motivo del aniversario del evento, 2005 vivió un breve renacer donde el escritor Akira Yoshida buscaba explicar cómo esa sociedad no desapareció al resolverse la paradoja cronológica creada por Legión al asesinar a su padre Xavier. Por atractivo que fuera volver a ver a aquel Magnus con coleta, la miniserie, que contó con dibujantes tan talentosos como Chris Bachalo, se ponían algunos asteriscos a su triunfo más colosal en cualquier época. Si bien su nombre no quedó del todo manchado, Erik habría de hacer un sacrificio mitológico para evitar las maniobras de otro genocida como Mr. Siniestro.


Round 9: Magnus Rex

Al final, había entendido las enseñanzas de Sun Tzu. En las vísperas de la entrada un nuevo milenio, la colección de la Patrulla-X vio otra vez cambiar de piel a su némesis y ocasional aliado. Alan Davis estuvo en todo el proceso, aunque no fue pequeña la aportación de plumas como las de Joe Kelly o Fabian Nicieza. La guerra de Magneto. Así sería bautizada una saga trepidante y con un punto de amarga verdad. Joseph, el peculiar «clon» del amo del magnetismo por obra y gracia de Astra, definió a la perfección a su original: ¿se puede ser a la vez el dragón y el caballero de un relato?


Desde una de sus bases en el Ártico, Erik se las ingenia para provocar una crisis energética sin precedentes. Resultó aterrador el chantaje emocional que hizo a Bill Jones, un desventurado obrero de la construcción a quien usó como vara de medir humana de si merecían misericordia. Con todo, hay algo épico en esta aventura donde, tras años siendo catalogado como terrorista, el hombre del casco aprende algo de las grandes superpotencias: presionar a las Naciones Unidas para que reconozcan su soberanía sobre la isla de Genosha y garantizarse una inmunidad diplomática.


La doctora Alda Huxley (el apellido no es casual) entregaría un reconocimiento internacional que indignaría a violentos guerreros como Logan. Acompañado únicamente en la nieve por Ferris, uno de sus ayudantes robots, el campeón victorioso puede lamentar que, tras décadas de esfuerzo, apenas acaba de iniciar su tarea.


Round 10: Magneto was right

Supuso una irreverencia que provocó no pocas disputas entre el guionista Grant Morrison y la propia Marvel. Tras una etapa memorable con los New X-Men, entre 2003 y 2004 se produjo una gigantesca lengua sacada en una saga tan interesante como irreverente. El escritor, acompañado por el lápiz de Phil Jimenez, extraía de la chistera a un Magneto renacido que había estado oculto de Xavier en sus propias narices: nada menos que como Xorn, uno de los nuevos profesores más queridos de la Academia.


Anteriormente, el espectro del villano, creído muerto, se convirtió en objeto de culto en las camisetas del cuerpo estudiantil más rebelde. De cualquier modo, su regreso mostró que una generación moderna y criada con pantallas (¡y todavía TikTok no había causado estragos!) no tenía paciencia para monólogos apabullantes de un viejo guerrillero retornado. Pese a su éxito en la propia sede de poder de la Patrulla-X, Morrison no vaciló en exhibir al antiguo terrorista como una persona adicta a una droga sintética que le ayudaba a conservar su don sobre los metales.


«¿Desde cuándo es un problema tener una buena educación y un vocabulario amplio?» se lamentaría ante su fiel Sapo, el más maltratado y leal de sus secuaces. En esta ocasión, sufriría los peores golpes: los rayos de Scott destrozarían su sacrosanto casco, además de verse avasallado por el fuego de Jean y el golpe de gracia de Logan. Una muerte escalofriante de la que, por fortuna, la Casa de las Ideas saldría al paso afirmando que el villano de esa historia nunca jamás fue el original.


Round 11: Lord Magnus

Eran los días de Joe Quesada al frente de Marvel y la época en que Brian Michael Bendis tomaba las riendas como cabeza rectora de los principales cómics de la editorial. De hecho, podemos afirmar que Dinastía de M se antojó algo distinto desde el arranque. Frustrada por los últimos acontecimientos (en verdad, el guionista de Cleveland parecía obsesionado con hacerla enloquecer), la Bruja Escarlata lograba establecer con sus poderes una realidad donde su padre (finalmente, la lógica cayó sobre su propio preso y se reveló que eran familia, si bien hay versiones al respecto) sí hubiera podido establecer su utopía mutante con una humanidad receptiva a su nueva Casa Real.


Como curiosidad, el artista Oliver Coipel admitió haberse basado en algunas fotografías de Juan Carlos I de Borbón para el uniforme regio que luciría el antiguo terrorista, ahora erigido en un estadista capaz de tener bajo su bota a genios del mal como Victor Von Muerte. No era un sueño y tampoco una realidad alternativa. Todo había sucedido por obra y gracia de Wanda, quien se reservó modestamente el papel de la única retoña del Gran Hombre sin don genético.


Aquel 2005 fue fecundo para Magneto, si bien no todo eran recepciones con Ororo en Kenia o aplacando las iras del Hombre Topo. Pronto, las distintas colecciones y el evento principal revelaron que había muchos cadáveres por debajo de su presunta civilización perfecta. En algo doloroso para un padre, la mismísima Bruja Escarlata le recriminó su increíble complejo de superioridad. En el retorno a los acontecimientos a los que todo el fandom mutante estaba acostumbrado, cierto homo superior tuvo que vérselas con una de las tesituras más dolorosas para su ego frente a un simple cubierto de cocina. Con todo, la herida real era haberse sabido bastante humano a la hora de gestionar un enorme poder y riqueza.


Round 12: El síndrome del superviviente

Hay un instante mágico en la mirada que Michael Fassbender dedica a Hugh Jackman en ese avión. Días del futuro pasado (2014) es una película tan tramposa como imperdible. Un placer nada culpable que permitió el regreso de Bryan Singer y el elenco original de la franquicia cinematográfica de la Patrulla-X para mezclarlo con el acertado casting de X-Men: Primera generación (2011). Por una vez, las hordas de fans de Magneto pudieron tener a Ian McKellen frente a Patrick Stewart mientras convivían en escenas con el duelo del futuro: Fassbender ante James McAvoy.


Inspirada (libremente y desaprovechando a Kitty Pryde) en la saga de dos cómics de la dupla Claremont-Byrne (perfecta combinación de 1984 de Orwell y Doctor Who), el largometraje regaló varios momentos a personajes legendarios de la comunidad mutante. De cualquier modo, pocos escondían tantas décadas de fantasía como ese breve diálogo en un aeroplano entre un amo del magnetismo todavía joven y un curtido Lobezno que le revela las muchas batallas que les quedan a los suyos tratando de acabar con él. «¿Y cómo os ha ido?» pregunta Fassbender, con un leve matiz de preocupación en la voz. «Eres duro de pelar» termina admitiendo el tipo con las garras.


Con habilidad, el libreto del largometraje explora de forma novedosa el triángulo Charles-Raven (interpretada por Jennifer Lawrence)-Erik en una carrera contrarreloj para evitar que el visionario Bolivar Trask (Peter Dinklage) pueda destruir el sueño de la convivencia pacífica a través de sus poderosos Centinelas. Es fascinante ver a ese joven Magneto combatiendo en Washington en la plenitud de sus fantasías de poder, paralelamente la cinta muestra al venerable McKellen con los últimos pupilos de su viejo amigo Charles para plantear una resistencia agónica y heroica en un oculto monasterio chino.

 

Las tarjetas de los jueces

Es demasiado tentador el combate nulo. Pleitear alrededor de si es un héroe o un villano provocó el abandono de un guionista como Roger Stern en plena guerra Los Vengadores-Patrulla-X, Unión Soviética incluida en el proceso. Asimismo, la comunidad lectora española quedó embobada cuando Carlos Pacheco respetó al máximo el homenaje a Vader de Byrne para mostrar a un Magneto imperial y vulnerable a partes iguales en un debate con su viejo amigo Charles con las cámaras de gas de por medio.


A día de hoy, con los ecos de la Era Krakoa, orquestada por habilidad por Jonathan Hickman, ha quedado palpable que incluso el colectivo mutante se vería tentado a caer en los vicios de una superpotencia al fin libre de saldar cuentas. Magneto, Moira e incluso un augusto profesor han sido vistos en Consejos Silenciosos, acallando conciencia por el bien común y las fantasías de poder. Y es que, aunque él odiaría el símil, las naciones humanas se parecen mucho más a Erik de lo que nos gustaría admitir.


También nos habla de las paradojas. Habrán visto no pocos arañazos de Lobezno sobre su casco en estos asaltos, pero en la precuela Lobezno: Días del futuro pasado, John Francis Moore orquestó que el hombre de cabellos plateados fuera sostenido cual Piedad de Miguel Ángel por su viejo adversario con garras. Ironías del destino, los esfuerzos de Erik por salir de esa pesadilla con Centinelas y nostálgicos del nazismo como el Barón Zemo, le abocarían a seguir su lucha desde una silla de ruedas.


Ecos de un villano prodigioso que, por momentos, se ha exhibido vulnerable. Rescoldos de un héroe que mantiene sueños lúcidamente amargos de submarinos que ha hecho hundir en su loca cruzada. Sorprende poco que una pluma como la de J. M. DeMatteis, a quien no es desconocido el traicionero abrazo de la depresión, usase una cita de Fiódor Dostoyevski para aproximarse en un flashback a aquel momento donde se decidió a coger el testigo de su némesis como maestro de los Nuevos Mutantes. A buen seguro, Erik habría disfrutado de la lectura Crimen y castigo, aunque habría necesitado también una buena dosis de Chéjov, aquel mago de los cuentos de quien Donald Rayfield sentenció: «Era despectivo con los que tenían poder y compasivo con los que carecían de él».


Y muy pocos en la Casa de las Ideas han sido tan temibles en su cenit como Magnus y dignos de compasión en sus horas oscuras.

 

BIBLIOGRAFÍA PARA SABER MÁS SOBRE MAGNETO:


ALIAGA, D., «El legado mutante de Grant Morrison», Sala de Peligro, 22 de diciembre de 2020. Enlace en red: https://www.saladepeligro.com/9195/el-legado-mutante-de-grant-morrison/


AUSTIN, M., «X-Men: The 10 Most Important Magneto Stories, Ranked», CBR, 30 de julio de 2019. Enlace en red: https://www.cbr.com/x-men-best-magneto-stories-ranked/


CAÑAS PELAYO, M. R., «Avengers vs. X-Men: Let’s get ready to rumble», Dolmen: Revista de información sobre cómic, nº 323 (mayo de 2022), pp. 67-75. ISSN: 1697-6347. Depósito Legal: PM 192-2015. Enlaces en red: https://dolmeneditorial.com/tienda/dolmen-323/ https://dolmeneditorial.com/tienda/dolmen-323-revista-digital-pdf/


HOWE, S., Marvel Cómics. La historia jamás contada, Panini Books, 2013. 


MACHUCA, E., «La Patrulla-X punk de Chris Claremont y John Romita Jr.», Sala de Peligro, 30 de abril de 2021. Enlace en red: https://www.saladepeligro.com/12775/la-patrulla-x-punk-de-chris-claremont-y-john-romita-jr/ 


PEÑA, J., «El Profesor Xavier y Magneto, por duplicado en Days of Future Past», Zona Negativa, 27 de noviembre de 2012. Enlace en red: https://www.zonanegativa.com/el-profesor-xavier-y-magneto-por-duplicado-en-days-of-future-past/


PRADA, I. DE, El viaje del superhéroe: La historia secreta del Marvel en el cine, Dolmen, 2012.


RUIZ-DÁVILA, R., «Magneto. Testamento», Tebeosfera: Cultura Gráfica, nº 4 (2009), s.p.


SANDERSON, P., «Chris Claremont reniega del nuevo final», Plot 2.0, nº 2 (febrero de 2014), pp. 36-55.


TUCKER, R., Marvel vs. DC, Planeta Cómic, 2021.