
La imagen del samurái en la prensa española del tránsito al Nuevo Régimen (1758-1800).
Juan Ramón Ojeda García
Profesor de la Universidad de Sevilla.
Resumen
La imagen que poseemos sobre un país está repleta de ideas, costumbres, pautas, figuras simbólicas, clichés y tópicos. Esto ocurre, por ejemplo, con el caso de Japón y la idea que poseemos del mismo, una imagen que los propios japoneses han ido vendiendo al exterior a través de su política de softpower. Dentro de la misma, la figura del samurái es una de las más populares y conocidas, gracias a las múltiples referencias que hay del mismo en diversos productos culturales: libros, películas, series, videojuegos, etc. Por ello, en el presente trabajo pretendemos indagar en el nivel de conocimiento que habría en España sobre el mismo antes de la apertura de Japón en 1854, tras más de dos siglos de aislamiento. Realizamos con dicha finalidad un sondeo en la prensa española del 1758 al 1800, con la intención de profundizar en la figura del samurái y conocer su reflejo en dicho medio, para apreciar que imagen se iría formando el lector español al llegarle dicha información sin ni siquiera pretenderlo.
Palabras clave: imagen, prensa española, siglo XVIII, samurái, Japón.
En general cuando hacemos referencia a la imagen de un país o simplemente mencionamos su nombre suelen acudir a la mente diversas ideas, conceptos o -valga la redundancia- imágenes que forman parte de la cultura e identidad de este, cayendo en muchas ocasiones en clichés o tópicos. Ocurre con España, así como con todos los países y culturas del mundo, como es el caso de Japón, país sobre el que centramos nuestro estudio. El manga, el anime, los videojuegos y determinadas empresas o marcas como Nintendo o PlayStation, el sushi, el sumo, etc…son simplemente algunos de los productos culturales nipones que forman parte de su identidad (y que ellos mismos, con mucho éxito, han sabido exportar y vender a través de la política de softpower) y que todos solemos asociar a Japón. En ese sentido, aunque sea casi absurdo advertirlo, la figura del samurái es otro de los elementos característicos de la cultura nipona que primero suelen venirse a la mente. Conocidos hasta por los que saben poco o nada sobre el país del Sol Naciente, es quizás, junto a las geishas, uno de los elementos identificativos de dicho país más conocido en todo el mundo.
El concepto “samurái” es traducido literalmente como “aquel que sirve”; y, como tal, no aparece en los textos escritos japoneses hasta el siglo XII. Sin embargo, al parecer, ya en el X comenzó a configurarse dicho término para designar a aquel que llevaba a cabo un servicio en un contexto militar. Y, es más, ya desde el IX se puede observar la existencia de guerreros de élite al servicio del gobierno (Cabañas, 2013). Por ello, el samurái comenzó a ser cada vez más importante a partir del siglo XII, llegando algunos autores a hablar incluso de una etapa de hegemonía samurái entre 1185 y 1600 (Mikiso, 2011).
Componían lo que muchos denominan una “clase guerrera”, que con el paso del tiempo se fue definiendo, diferenciándose de tal modo de la figura del ashigaru (soldado de a pie). Esta última, solía ser un campesino sin terrenos o descontento que era reclutado por un daimio y que destacaba por tener fuertes carencias en equipamiento. Lógicamente menos preparados que los samuráis, fueron beneficiados por la llegada del arcabuz en 1543 de manos portuguesas; ya que, al requerirse poco entrenamiento para la utilización de un arma de fuego, se reducía su desnivel respecto al samurái. Fue precisamente por este motivo, así como por el propio beneficio de Toyotomi Hideyoshi, por lo que se dieron dos edictos: el de la Cacería de espadas en 1588 y el denominado Separación en 1591, para diferenciar y separar las figuras del samurái y la del campesino. Distinción, que duró todo el período Tokugawa o Edo (1600-1868) (Cabañas, 2013).
Su consolidación, acompañada de la adaptación de los ideales confucianos, trajo cambios muy significativos en el país; ya que, con ello la posición de la mujer se vio afectada, siendo la discriminación del género femenino muy acusada a partir de entonces. Eso se entiende aún mejor, si se explica que existen pruebas de que la sociedad japonesa era en sus orígenes una comunidad regida por la línea materna, llegando algunos a hablar incluso de la existencia de una sociedad matriarcal. Por ello, la mujer se vio afectada con el ascenso del samurái (Mikiso, 2011). Los samuráis eran el elemento dominante de la sociedad, considerados superiores al resto de la población (campesinos, comerciantes, artesanos, etc.), al que estaban autorizados a asesinar si se comportaban de forma insolente con ellos.
Muy conocida su figura en Occidente, aunque bajo una idea estereotipada del mismo en la que contribuyó en gran medida la obra del japonés Nitobe Inazô: Bushido. El alma de Japón. Sin embargo, más importancia tuvieron en el mismo Japón otras obras antiguas en las que se fueron definiendo el bushido (el camino del guerrero o código de honor seguido por el samurái), tales como el Nihonshoki, el Heike Monogatari, el famoso Libro de los Cinco Anillos de Miyamoto Musashi o el no menos conocido Hagakure atribuido a Nabeshima Naoshige (Seco, 2010). A todo ello, debemos evidentemente añadir todas las producciones audiovisuales que han ido nutriendo y alimentando esa imagen del guerrero japonés, con películas tales como El último samurái o 13 asesinos por mencionar algunas, o series como la reciente recreación Shogun. Son, por tanto, muchos los productos culturales elaborados directamente en el país nipón o fuera del mismo, que abordan y muestran la figura del samurái, provocando con ello que sea una de las figuras más consolidadas dentro del imaginario que se posee de Japón.
Sin embargo, esas imágenes que se poseen sobre un país y sus ideas o figuras se van configurando a lo largo del tiempo, por lo que la intención que poseemos en nuestro presente artículo es la de indagar en la que habría en la España de la segunda mitad del XVIII sobre dicho samurái. Sin entrar en mucho detalle, debido a que escapa a la naturaleza e intención del presente trabajo, así como por la existencia de otros escritos centrados concretamente en este tema, podemos hacer referencia al lector sobre el hecho de que Japón permaneció aislado del contacto con el mundo exterior duranta algo más de dos siglos. A partir del siglo XVII hasta bien entrados en el XIX, concretamente en 1853-4, Japón fue un país que bajo la denominada política de sakoku, cerró sus fronteras al contacto con el exterior debido al peligro colonizador y evangelizador que experimentó por parte de los occidentales a finales del XVI. Decidió aislarse para escapar de una posible conquista e influencia de dichas culturas que podrían haber socavado la propia identidad y sistema japoneses, sustentados en esos momentos por la dualidad emperador-shogun. Un confinamiento que se dio por finalizado en 1854 con la apertura forzada a manos de Estados Unidos, con quien Japón firmó un tratado para la apertura de dos puertos, de cara al suministro de carbón, agua y otros productos básicos para el sustento. Con ello, se abrió la puerta a la llegada de otras potencias que reclamaron la firma de unos tratados desiguales, que humillaron al país nipón e influyeron sobremanera en su posterior desarrollo, siendo su cultura un claro reflejo de los retos que supuso su apertura.
Es a partir de entonces, cuando Japón volvió a tomar contacto con el extranjero y cuando el mundo exterior comenzó a saciar su deseo de conocimiento sobre dicho mundo antes hermético. Son muchos los estudios existentes de las imágenes que se fueron transmitiendo de Japón a partir de esa mitad del XIX, aclamándose que será a partir de entonces cuando se vaya conociendo con todo lujo de detalles a dicho país y a su cultura, formándose muchos de los tópicos actualmente asociados al mismo. Sin embargo, nosotros mismos en trabajos previos ya demostramos cómo Japón era un país más conocido en el mundo exterior de lo que cabría esperarse, no habría que esperar a su apertura para que por ejemplo cualquier lector de prensa española de la segunda mitad del XVIII pudiera conocer muchas cuestiones sobre dicho territorio.
Es dentro de ese contexto de estudio más global, que pretendemos a continuación centrarnos en concreto en la figura del samurái y rastrear qué imagen se mostraba al lector español del momento, qué nivel de profundidad, qué ideas se podría formar en torno al mismo y si muchas de las ideas (romantizadas e idealizadas en algunos casos) asociadas a su nombre ya empezaban a estar presentes. Tomamos la fecha de 1758 como inicio debido a que es en la misma cuando surge lo que se considera el primer diario español: el Diario noticioso. Era el perfecto ejemplo de prensa diaria de nuestro país, y a partir de dicha fecha hemos realizado un sondeo de varios títulos de prensa hasta 1800, fecha de comienzo de un nuevo siglo que traerá muchos cambios para España. Se ha utilizado la prensa española disponible para esos años en la Biblioteca Nacional de España, siendo en concreto diecisiete los títulos analizados[1].
Con ello, como hemos indicado, lo que se pretende es realizar un sondeo de dicha imagen en concreto de esa figura del samurái, para comprobar si verdaderamente hay que esperar a la apertura del país, utilizando para ello la prensa que se trataba de un medio de difusión de conocimientos e ideas de destacado poder. Un diario llegaba de forma general a un mayor público que un libro en concreto, sin entender de sectores sociales al estar dirigido al público en general. Para conocer cuestiones sobre Japón, por ejemplo, bastaba con que alguien leyera dicha prensa y gracias a la misma poseería dicha información sin tener que acudir a un libro específico a buscarla. Es, por tanto, un poderoso medio de difusión en esos años, así como de fuente de conocimientos y creador de imágenes.
Con todas esas pretensiones ya hechas, nos planteamos cuestiones tales como ¿cómo eran percibidos en España en estos momentos?, ¿se conocía la palabra “samurái”? ¿se hablaba incluso de ellos?. Estas y otras preguntas son las que pretendemos responder a continuación mediante el análisis de los testimonios, localizados en las fuentes analizadas, tocantes a este tema. La primera referencia a unos samuráis que hemos encontrado data del día 2 de julio de 1762, donde al hablar del viaje de Saris[2] a Japón, concretamente de su llegada al país y la toma de contacto con los daimios que acuden a su barco, se dice lo siguiente:
Cada uno tenía al lado dos katans, que son las espadas del País; una de media vara de largo, y otra de un palmo. Llevaban desnudo el cuello, y la mitad de la cabeza raída por delante, y los demás cabellos, que eran muy largos, formaban un nudo por detrás, descubiertos, sin gorro, ni turbante…Por única Escolta, al subir al Navío, acompañaba a cada uno un Oficial, que tenía el mando de sus Esclavos.[3].
Nos habla de dos daimios, que eran los señores a los que servían los samuráis; aunque, ellos mismos se puede decir que eran samuráis. Los daimios eran realmente aquellos hombres con capacidad de reunir a un grupo de guerreros (bushidan), y hacerlos funcionar de un modo efectivo y organizado. Por ello, necesitaban de unas dotes de mando, que acabaron por convertirlos en la élite guerrera (Cabañas, 2013) de una estructura militar piramidal en cuya cima estaba el shogun.
Vemos así, una descripción detallada de sus apariencias e indumentarias totalmente acertada, donde se nos dibuja la figura característica de un samurái. Se nos dice que llevaban dos catanas al lado, siendo esto un indicativo del rango de samurái, ya que era un privilegio del que sólo gozaban estos guerreros. El peinado descrito es el denominado chonmage (Mikiso, 2011), típico samurái, con la parte superior del cuero cabelludo afeitada para así poder calzarse con más comodidad el casco, mientras que la longitud del resto era considerable, recogiéndoselo con una cola. Destaca cómo a los europeos les extrañaba que lucieran esa calva, ya que se nos indica que no se lo tapaban con nada. Sin embargo, a pesar de describirnos la apariencia de los samuráis, no se utiliza en ningún momento ese concepto. No es porque se trate de daimios y se les denomine “reyes”; sino que tampoco se emplea para los samuráis que servían a los mismos, y que denominan oficiales, como hemos podido apreciar en el texto anterior, y en el que mostramos a continuación:
Al instante llegó un Oficial principal de la Guardia, con orden de quedarse allí, para libertar a los Ingleses de todo género de insultos…[4].
Tampoco se hace referencia al concepto “samurái” en la siguiente cita, también del viaje de Saris, en la que se nos habla de un guardia y de “soldados”:
Desde Firando a Fukkate se gastaron dos días; y a diez, o doce leguas…vieron los Ingleses una grande Ciudad, y cerca de ella vieron un Junco al ancora…con un guardia para librarlo del fuego, y de cualquier otro accidente…Los japoneses dijeron a Saris, que estaba destinado para llevar Soldados a las Islas, luego que había Guerra, o alguna sublevación[5].
Vemos, por tanto, cómo se utiliza constantemente la terminología occidental “oficial”, “guardia”, “soldados”, sin emplearse ninguna vez el concepto “samurái”. De lo que sí eran capaces, era de distinguir los rangos de los mismos, como podemos observar igualmente a continuación:
[…] pero hizo llevar a los dos Príncipes Esposos al Castillo de Ozaka, poniendo a su lado, y por Guardia continua, cierto número de jóvenes, que había hecho criar desde la cuna en una sujeción absoluta a sus voluntades…partió Saris en una Barca para Fuchimi, a donde arribó el 29. Esta Ciudad que está fortificada según el método del País, tiene de guarnición tres mil Soldados[…] Los Ingleses llegaron a tiempo que se mudaba esta Tropa, viendo salir las Compañías antiguas, y entrar las nuevas. Marchaban a cinco hombres de frente, y diez de fondo, con un Oficial en cada división, que las mantenía en un orden exacto. La primera iba armada de calivers, porque los Japoneses no tienen mosquetes, ni quieren usarlos. La segunda llevaba picas: la tercera katans, o sables, y tarjetas: la cuarta arcos, y flechas; y la última, un género de palos, o ganchos guarnecidos de hierro, que llaman en el País Wagg dashes. Estas cinco divisiones, con sus diferentes armas, formaban una Compañía, siguiéndose luego otra en el mismo orden; pero sin banderas, tambores, trompetas, ni otros Instrumentos de Guerra. La primera Fila de los katans tenía vainas de plata, y la última de oro, u doradas. No todas las Compañías la componían un mismo número de gente; pues una era de quinientos hombres, otra de trescientos, y las demás de doscientos y cincuenta. En medio de cada una iban tres caballos con brida, y silla, ricamente enjaezados con mantillas de terciopelos bordado, o de pieles preciosas, conducido cada uno por tres Esclavos, con unas cuerdas de seda. Los Capitanes marchaban a caballo al fin de cada Tropa; pero con las piernas cruzadas sobre dos cestos, donde encerraban su cama, y demás equipaje. Los más viejos llevaban a la espalda una especie de respaldo, en el que se apoyaban con una postura bastante cómoda. Saris, y los Ingleses encontraron al Comandante de la Guarnición dos días después de haber visto la primera Tropa; porque cada Compañía marchaba a dos, o tres leguas de distancia, para la facilidad de los alojamientos y víveres. Se distinguía el Comandante en lo magnífico de su equipaje. En su marcha tomaba la diversión de la caza; y además de los caballos de su bagaje, iban seis de mano, que excedían, en juicio del Autor, a los mejores de España. Delante de él llevaban dos hombres su palanquín de terciopelo carmesí, remudándolos por su turno otros seis destinados para esto.
La Marcha de esta pequeña Armada era con tanto orden, que no se oía ninguna injuria, ni otros motivos de disgusto; y como cada uno pagaba lo que necesitaba, todos los Soldados eran bien recibidos en los Pueblos de su tránsito.[6].
Observamos una vez más cómo se habla de “oficiales”, “soldados”, “comandante”, “armada”, “tropa”, “compañía” sin recurrir al concepto “samurái” en ningún momento. De lo que sí se habla, es del orden y de la indumentaria. Destaca igualmente la presencia de los mismos en las ciudades fortificadas y en los castillos, siendo en ellos donde solían residir al servicio de un daimio o señor (Gaskin, 2008). Una presencia en las fortificaciones, que se aprecia una vez más en las siguientes declaraciones halladas también en los artículos referentes al viaje de Saris:
Pasó muchos Puentes, habiendo en cada uno su Cuerpo de Guardia.[7].
Habiendo advertido al Secretario de Estado de su arribo, fue llevado Saris a la Audiencia del Rey. Este Príncipe tiene su Corte en el Castillo de Jedo, que es mucho más fuerte, y hermoso que el de Suronga, y la Guardia más numerosa…El 19 les envió dos armaduras completas para el Rey de Inglaterra, y unas espada para Saris…de que sólo se sirven los Guerreros de primer orden.[8].
En este intermedio murió el Rey Foyne, y Oschandono, su Ministro más antiguo, con otros dos de sus más fieles criados, se abrieron el vientre con alfanjes para acompañarlo en su muerte…Entonces se hallaba el Japón amenazado de una furiosa Guerra entre Obuxozama, antiguo Emperador; y Fypaya Sama, su Yerno, hijo de Ticosama. Este joven Príncipe se había fortificado en el Castillo de Ozaka, donde se hallaban con él más de cien mil hombres…Resuelto el Viejo Emperador a ir en persona al frente de trescientos mil hombres, llegó al Castillo de Fuschima, donde sus Guardias avanzadas habían tenido algunas escaramuzas; que costaron la vida a muchos Soldados de valor.[9].
Al fin del año antecedente había despojado el Emperador a Tay-Frsuchama, uno de los mayores Príncipes del Japón…Esperábase que este suceso produjese grandes turbaciones porque todos los Vasallos de Tay-Fruschama, tomando las armas, se habían fortificado en la Ciudad de su nombre con municiones para una larga defensa; pero hallándose aún preso el Tay con su hijo en la Corte del Emperador, le obligó este Príncipe a que escribiese a sus Vasallos, persuadiéndolos a que dejaran las armas. Esta idea se logró, y el Emperador perdonó a los rebeldes…[10].
Vemos, así, cómo los samuráis vivían en castillos con sus daimios o señores a los que servir, entregando la vida por ellos si era necesario. Se aprecia la tensión existente en esos momentos anteriores a la consolidación del shogunato Tokugawa, con conspiraciones y rebeliones de parte de algunos daimios, a los que secundaban sus samuráis (o “soldados”) hasta la muerte. Se refleja además cómo practicaban el sepukku (forma ritual de suicidio asociada al samurái, comúnmente más conocida como harakiri) para no sobrevivir a sus amos, y acompañarlos de este modo al otro mundo. Una fidelidad, que llegaba hasta el punto de preferirse la muerte en muchas ocasiones, en vez de convertirse en ronin u “hombre de las olas”, que eran samuráis sin señor al que servir (Cabañas, 2013). Una lealtad, que, como hemos podido apreciar en la última referencia, llevaba a los mismos samuráis a declarar la guerra al shogun a pesar de que su daimio se encontraba preso. Así, se hace hincapié en el hecho de que residían en los castillos junto a sus daimios, y en la fidelidad al mismo, llegando a quitarse la vida para acompañarlo en la muerte.
Se habla constantemente de guerra y soldados, hombres y tropas sin que se mencione la palabra “samurái” en ningún momento. Por tanto, parece ser que no se conocía la figura del samurái como tal, como podemos apreciar nuevamente en las siguientes afirmaciones, que nos hablan de la toma de contacto de varios holandeses que llegaron a Japón con varios samuráis, sin que se aprecien como tales, sino como meros hombres que portaban dos espadas en la cintura:
Por la noche, habiéndose sosegado un poco el aire, vieron una barca con seis hombres, cada uno con dos cuchillos colgados a la cintura, que habiéndose avanzado a remo, desembarcaron enfrente de ellos… Su arribo había extendido tanto cuidado por la Costa, que ninguno se presentó en ella sin estar armado con dos espadas.[11].
En esta ocasión, por tanto, se nos habla de ellos, sin recurrir incluso a la palabra “soldado” u “oficial”, haciéndose simplemente hincapié en el hecho de que portaran dos armas, cosa curiosa para el espectador occidental, desconociendo que era un elemento de distinción del samurái.
Lo mismo sucede a lo largo de todo este período analizado, como se refleja en un artículo de 1791, que nos habla de la visita del shogun al emperador. Así, a la hora de describir el espectáculo se dice que:
[…] estaban enfiladas (las calles) de dos líneas de tropa, vestido cada soldado de una ropa blanca, con un bonete barnizado sobre la cabeza. Cada uno tenía dos sables, a cada lado el suyo, y en la mano derecha una alabarda corta, llamada en lengua del País[…]Otros 24 Caballeros caminaban detrás sobre hermosos, y enjaezados caballos, llevando sobre las cabezas unos pequeños bonetes morenos, de la hechura de conchas, y con una pluma negra por airón, o garzota. Las mangas de sus vestidos eran muy largas: llevaban botines de baqueta barnizados y dorados, a modo de guadamaciles: sus calzones eran de raso de muchos colores, y bordados alternativamente con galones de oro y de plata. Ceñían a la cintura su sable de plata sobredorada, y a la espalda cruzaban un carcaj lleno de flechas[…] Cada caballero iba seguido de ocho lacayos, vestidos todos uniformemente de blanco, y cada uno de estos con dos sables, a cada lado el suyo.[12].
Una vez más, se puede ver cómo son capaces de apreciar los rangos (caballeros, lacayos, soldados, etc.), aunque no la pertenencia a una misma clase guerrera: la de los samuráis. Así, llegamos a pleno 1800, sin que se conozca el vocablo “samurái”, como nos demuestran las siguientes palabras, que nos hablan de la existencia de un libro que trata sobre la vestimenta japonesa:
Cuaderno 18º de la Colección general de los trajes que usan las naciones del mundo descubierto, arreglada a la edición del Viajero universal; contiene este cuaderno y los dos anteriores los trajes de pobres japonés que van de romería, el Dari del Japón, soldados de caballería e infantería[…][13].
Por todo ello, se conocía la existencia de un “soldado” japonés, que portaba dos espadas y poseía un peinado muy característico, aunque no el hecho de que formaran parte de una clase guerrera que era la de los samuráis. Se sabía que vivían en los castillos, que servían a su señor o daimio hasta la muerte, etc. Se conocía, por tanto, su figura pero no por su nombre. Por lo que la imagen del samurái, tan característica como lo es hoy en día de Japón no podría serlo por aquel entonces.
Conclusiones
Como hemos podido comprobar en los ejemplos mencionados, se habla del samurai sin mencionar el concepto en ningún momento. Cualquier lector español del momento, podría saber de la existencia de un guerrero o soldado japonés que portaba dos espadas, que llevaba un peinado característico, vivía en castillo, servía a un señor entregando su vida si fuera necesario en la batalla o a través de un ritual abriéndose el vientre, estaba sometido a una fuerte jerarquía, etc. Se mencionan ideas asociadas al mismo y que irán conformando posteriormente parte de su imagen, así como de la del Japón conocido en el exterior; sin embargo, en los años analizados hemos podido demostrar cómo no aparece en ningún momento el nombre “samurái”. Para ello, habrá que esperar al propio siglo XIX, pero ya vemos cómo antes de su apertura ya hay indicios sobre su figura, prácticas y pautas.
También es cierto, como al no poseerse información directa debido al aislamiento, al igual que ocurre en casi todos los aspectos referentes a Japón, se recurre a diarios de viajeros y a testimonios más antiguos y no contemporáneos. Sin embargo, que no se tuviera contacto con Japón, no implicaba el que no apareciera en la prensa española y que cualquier lector que acudiera a la misma, pudiera ir formando una imagen sobre dicho país y sobre sus elementos culturales.
BIBLIOGRAFÍA
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Cabañas Moreno, P. (2013). Héroes de la Gran Pacificación. Gijón: Satori.
Gaskin, C. y Hawkins, V. (2008). Breve historia de los samuráis. Madrid: Nowtilus.
Kaibara, Y. (2000). Historia del Japón. México: Fondo de Cultura Económica.
Mikiso, H. (2011). Breve historia de Japón. Madrid: Alianza.
Moreno García, J. (1989). Japón contemporáneo (hasta 1914). Torrejón de Ardoz: Akal.
Seco Serra, I. (2010). Historia breve de Japón. Madrid: Sílex.
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[1] Estos son Diario noticioso (también conocido a lo largo de su historia como Diario noticioso universal; o, como Diario noticioso, curioso, erudito y comercial público y económico), Diario de Madrid, Diario curioso, histórico, erudito, comercial, civil y económico, Correo de Madrid (también conocido como Correo de los ciegos de Madrid), Mercurio de España, Correo mercantil de España y sus Indias, Semanario Económico, Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa, Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos, Semanario de Zaragoza, Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid. (1744-1837), Diario de Valencia, Semanario de Salamanca, Mercurio histórico y político, Diario evangélico, histórico-político, Diario pinciano, Semanario erudito y curioso de Salamanca.
[2] John Saris (1580-1642), fue un capitán británico que destaca por haber sido uno de los primeros británicos en haber llegado a Japón en el siglo XVII. Concretamente llegó en 1613 en la embarcación Clove, junto a Richard Cocks (1566-1624), con el que fundó la compañía británica en Japón de Hirado en el mismo año. Su viaje quedó recogido en una serie de documentos que fueron publicados en el 1900 bajo el nombre The Voyage of Captain John Saris to Japan por el famoso japonólogo británico Ernest Mason Satow (1843-1929).
[3] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 2 de julio de 1762, Nº 547, p. 2.
[4] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 3 de julio de 1762, Nº 548, p. 1.
[5] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 8 de julio de 1762, Nº 552, p. 2.
[6] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 9 de julio de 1762, Nº 553, pp. 1, 2.
[7] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 10 de julio de 1762, Nº 554, p. 2.
[8] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 13 de julio de 1762, Nº 556, p. 2.
[9] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 13 de agosto de 1762, Nº 583, p. 2.
[10] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 19 de agosto de 1762, Nº 588, p. 2.
[11] “HISTORIA GENERAL DE LOS VIAJES”, Diario noticioso universal, 7 de septiembre de 1769, Nº 3568, p. 2.
[12] “Pintura y descripción de la magnífica pompa, y suntuoso aparato con que el Cubo, Emperador secular del Japón, va a visitar al Dayro, Príncipe Eclesiástico, desde Yedo, a Meaco”, Diario de Madrid, 11 de diciembre de 1791, Nº 345, pp. 2, 3.
[13] “LITERATURA”, Diario de Madrid, 3 de marzo de 1800, Nº 62, p. 2.
BIBLIOGRAFÍA PARA SABER MÁS SOBRE MAGNETO:
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PEÑA, J., «El Profesor Xavier y Magneto, por duplicado en Days of Future Past», Zona Negativa, 27 de noviembre de 2012. Enlace en red: https://www.zonanegativa.com/el-profesor-xavier-y-magneto-por-duplicado-en-days-of-future-past/
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