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Relaciones hispano-portuguesas durante la Primera Guerra Mundial a través de la prensa




Sergio Sánchez Gallego.

Historiador.








Resumen

España permaneció neutral durante toda la Primera Guerra Mundial, mientras que Portugal decidió participar en ella al lado de las potencias occidentales. Durante toda la guerra, la prensa de ambos países fue recogiendo crónicas sobre lo que ocurría al otro lado de la frontera. Este trabajo recoge la manera en que la prensa reflejó esos acontecimientos.


 

Palabras Clave: España, Portugal, neutral, beligerante, prensa

 


 

Introducción

 

La Primera Guerra Mundial fue un acontecimiento que obligó a los diferentes países a tomar una posición, bien fuera de manera voluntaria u obligada por sus circunstancias. En esa encrucijada, España y Portugal tomaron decisiones diferentes, que en cierto modo estuvieron mediatizadas por la relación peculiar de recelo que tradicionalmente han mantenido ambos países. Este trabajo busca conocer cómo se vieron los acontecimientos que se sucedieron en ambas naciones durante la guerra, a través de la prensa de ambos países.


Para la prensa española, he optado por los periódicos La Época y El Liberal. En el caso de La Época, se trata del principal representante de la ideología conservadora en la prensa y defensor del Partido Conservador. Mientras que en el caso de El Liberal, se trataría de uno de los principales periódicos de ideología liberal-progresista. Para la prensa portuguesa he recurrido al diario A Capital, por ser uno de los de mayor tirada en Portugal durante el periodo estudiado. El trabajo permite conocer la “mirada del otro”, en un momento en que el mundo vivía una de

las mayores crisis conocidas hasta el momento y que cambió la historia del continente.

 

La inevitable neutralidad española

 

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914, en España gobierna el conservador Eduardo Dato. De inmediato declara la neutralidad de España en ese conflicto. Esta decisión fue respetada por los diferentes gobiernos a lo largo del conflicto, ya fueran de ideología conservadora o liberal.


España llegaba al año 1914 en una situación política, social y militar que hacía inviable la participación en un conflicto de esas características. A nivel político, el turno pacífico entre los dos grandes partidos de la Restauración se había roto1. Esta situación de descomposición hacía que los gobiernos estuvieran siempre en una situación de debilidad. En estas circunstancias, se hacía muy difícil embarcar al país en un proyecto que requería un alto grado de consenso. Además, las simpatías por uno u otro bando, dividía a los grupos políticos de manera no siempre clara. De hecho, dentro de los partidos había diferentes sensibilidades2.


Y esta misma divergencia de simpatías se daba también en la sociedad y en la misma Corona. Es interesante ver cómo desde las representaciones diplomáticas en España de Francia y Portugal se veía la germanofilia como consustancial a la sociedad española. Decía el representante portugués De Vasco de Quevedo, en 1920 que “parecía que la España hipergermanófila de 1914 a 1918 debería guardar, frente a la Victoria Aliada que escarneció, y a la que aún hoy ridiculiza y combate, una prudente y sobria actitud [...]”3.


En líneas generales, se puede decir que los apoyos al bando de los imperios centrales se daban sobre todo entre el Ejército, la Iglesia y la Corona; pero también dentro de los grupos sociales más conservadores. Pero pese a su natural germanofilia, la oficialidad era consciente de la imposibilidad del ejército español de participar en un conflicto de esas características. Las deficiencias eran evidentes. El presupuesto en defensa del Estado era muy alto, pero gran parte se iba en pago de salarios. El número de oficiales era abrumador4. Pero esa misma presencia abultada de oficiales hacía que sus sueldos no pudieran subir, por lo que al ir pasando los meses de conflicto la inflación hizo que cada vez tuvieran menos capacidad de compra, lo que fue aumentando el descontento en el cuerpo, llegando al estallido del verano de 19175. Pero no sólo eso, sino que el enorme gasto en sueldos hacía que el dinero disponible para material y gastos corrientes fuera muy limitado. De ahí se explica la falta de municiones y equipos modernos, la desastrosa instrucción e incluso la mala alimentación de las tropas6.


Para la Iglesia, era la república laica y anticlerical francesa la bestia negra7. Por ello, aquella estuvo desde el principio al lado de los imperios centrales. Para la Corona la situación fue más compleja de lo que en principio pudiera parecer. Pese a unas iniciales simpatías aliadas que el mismo conde de Romanones expresó tras la llamada que tuvo al palacio con motivo del revuelo generado por la publicación de su artículo “Neutralidades que matan” el 19 de agosto de 19148, fue la defensa de la neutralidad y la búsqueda de beneficios en ella, lo que perduró en la actitud de Alfonso XIII. Y dentro de los movimientos obreros, encontramos dos posturas de manera general. Por un lado, el socialismo era pacifista9. Sin embargo, y aunque esa era la actitud oficial del partido, el socialista se dividió en dos opciones a la hora de la verdad. En el caso de España, hay una actitud claramente aliadófila. Mientras, el otro gran grupo del movimiento obrero –el anarquismo– no abandonó nunca su posición de indiferencia hacia una guerra creada por los Estados que en el fondo no interesaban al anarquismo más allá que para su destrucción.



La beligerancia portuguesa como respuesta

 

La situación de la república portuguesa en 1914 no era para nada favorable a la entrada en el conflicto que se desencadenó ese verano en Europa. Y sin embargo, el gobierno portugués entendió que era la mejor opción posible. Pero, ¿por qué fue así?

Uno de los motivos era el exterior: La proyección atlántica de Portugal es consustancial al alma nacional. Y aquella iba unida a la importancia de sus posesiones coloniales. Y el garante de esas posesiones y su independencia era su vieja aliada Inglaterra. Pero a la altura de 1914 existían algunas dudas sobre la firmeza de esa alianza10. Y más aún, en los años previos a la Gran Guerra, la situación de inestabilidad portuguesa, que dio alas a las ilusiones anexionistas castellanas protagonizadas por el mismo rey Alfonso XIII entre 1911 y 1912 sobre todo, cuanto menos no fue frenada por el aliado inglés11. Todo esto hizo que desde el gobierno portugués, se entendiera que entrar en la guerra junto a Inglaterra, podría servir para forzar a esta a permanecer en la alianza12.


Pero también una cuestión referida al ámbito interior. La república portuguesa no era un ente unido. Para empezar, ésta había sido instaurada en 1910 sobre todo por la presión de los grupos radicales carbonarios que defendían un tipo de república radical. Correspondería al grupo del Partido Democrático13, que nunca representó la mayoría del país pero que tuvo su fuerza siempre en los grupos urbanos de Lisboa.


Por ello, la participación del país en la guerra fue entendida como una forma de cohesionar al país en un gran proyecto nacional que acaba con las rivalidades. Y de paso, colocar a Portugal como la valiente nación que sabe defender sus valores, en contraposición a la cobarde España que se escondía en su neutralidad. Pero en sentido contrario, los motivos que recomendaban que Portugal no entrara en la guerra eran también poderosos.


Primero a nivel financiero. Portugal era un país pobre, con una serie de desequilibrios que se habían acentuado con los momentos finales de la monarquía y la inestabilidad de la república posterior14. De hecho, para que las tropas portuguesas pudieran llegar a Flandes, fue necesario que Inglaterra financiara la operación15.


Luego a nivel social. La guerra no era entendida por la sociedad portuguesa que como mucho podían apoyar el esfuerzo bélico para defender sus posesiones coloniales. Y unido a esto, la política. Ni monárquicos y republicanos moderados podían dejar de ver la aventura bélica como un suicidio, y conspirar para el derrocamiento de los “democráticos”. Y por último la clase militar, que se sentía instrumentalizada.


La visión de la prensa

 

El 28 de julio de 1914 estallaba la Gran Guerra. Todos los periódicos de Europa se poblaban de crónicas de sus corresponsales y declaraciones de sus gobiernos. Así, vemos que en A Capital del mismo 28 de julio, en una crónica titulada como “A guerra”, se describe la actitud de Francia y España y muestra una actitud totalmente opuesta, entre una Francia que de manera responsable toma las medidas adecuadas para prepararse ante un más que posible conflicto a gran escala, y una España que parece no ser consciente de la situación, “sino que esperan que se resuelva debido a la medicina de Inglaterra”.16 Y sólo dos días después, vuelve a publicar otra crónica el mismo diario donde se informa de las declaraciones del jefe de gobierno Eduardo Dato, donde vuelve a destacarse su optimismo, “basando su optimismo en la nota que Austria envió a Rusia en la que no buscan la conquista y sólo afirman el deseo de castigar a Serbia17, en medio de las crónicas del resto de naciones que muestran sus preparativos y disposiciones.


A esa acusación larvada parecía responde la edición de La Época del 28 de julio, cuando daba una opinión a medio camino entre la preocupación que parecía provenir de algunas cancillerías y que reflejaba A Capital, y el optimismo que este diario atribuía al presidente español Dato y que otros diarios españoles como El Liberal parecía tener, como indica esta crónica:


No nos atrevemos a decir, como ha hecho hoy El Liberal, [...] pero estimamos que si una confianza absoluta podría resultar en extremo candorosa, un ciego pesimismo sería en estos momentos infundado y contraproducente, y que debemos estar todos preparados para no dejarnos arrastrar por la impresión de noticias que acaso no sean totalmente desinteresadas en su origen.

La Época, 28 de julio de 191418

 

Ciertamente, ese mismo día 28 de julio el diario El Liberal abría su edición con una crónica donde se daban las razones por las que el Emperador Francisco José, no querría involucrar a su país en una guerra de envergadura, acabando el texto con un clarificador párrafo donde se dice que:


Es muy posible qué nos equivoquemos, [...] pero seguimos creyendo que dentro de ocho o diez días se habrá restablecido la calma.

El Liberal, 28 de junio de 191419

 

Sin embargo, el paso de los días dio la razón a aquellos que se preparaban para un conflicto a gran escala. En Portugal, el gobierno de Bernardino Machado se declaró, de acuerdo con los británicos “en paz con todos, pero dispuesto a cumplir, si así lo demandaba Londres, las obligaciones sagradas de la alianza”.20 La demanda llegaría en otoño de 1914, cuando el gobierno inglés debe ceder e invocar el cumplimiento de la alianza para lograr los suministros de guerra que reclama Francia. Pero la postura firme del Parlamento dominado por los “democráticos”, estaba cada vez más en contra de la del resto del país, incluido el Ejército. Y éste da un golpe de Estado conocido como “el movimiento de las espadas”, en enero de 1915.


No dejó pasar la oportunidad el diario La Época de reflejar la crisis del golpe de Estado, y sobre todo de remarcar su carácter monárquico:


Parece que el motivo del abortado movimiento monárquico fue el nuevo tratado de Graveiro, que ocasionó protestas en varios oficiales[...]. Ayer hubo manifestaciones, que ocasionaron desórdenes en Lisboa y Coimbra.

La Época, 23 de enero de 1915.21

 

Aunque el mismo diario, en la edición del 24 de enero, daba una información contradiciendo ese origen monárquico:


Los emigrados portugueses dicen que el movimiento carece del carácter monárquico que le atribuye el Gobierno, y que tiene origen en la campaña iniciada por el republicano Brito Camacho contra el Gabinete, por la política internacional.

La Época, 24 de enero de 191522

 

El diario El Liberal también deja constancia de lo sucedido en Portugal, pero es significativo la diferencia de tono usado, algo lógico dada la mayor simpatía de la editorial de este diario por el régimen republicano del país vecino:


El gobierno portugués ha suspendido la publicación de los periódicos políticos que, aprovechando los acontecimientos, provocaban la indiscicplina, atacando al Gobierno de la República. [...]

El Liberal, 24 de enero de 191523

 

Esta línea argumental es la misma que sigue la editorial de A Capital, que ese mismo 24 de enero hace una publicación argumentando cómo el sistema republicano es el ideal para la sociedad portuguesa y cómo la monarquía abusaba de sus prerrogativas. De manera implícita está dando al movimiento sedicioso un carácter monárquico.


Cualquiera que sea la solución a un incidente grave que perturba la vida portuguesa, lo que es necesario es que se haga de conformidad con la ley.[...]

La monarquía liberal, en nuestro país, casi siempre no fue más que una fórmula sin sentido, y de ahí vino su inevitable ruina [...]

Cualquiera que sea la solución al grave incidente que se vive, se debe respetar la ley, [...] garantizando la tranquilidad pública, el futuro de las instituciones y el desarrollo del prestigio de la nación.

A Capital, 24 de enero de 191524

 

Sobre todo, el mantenimiento del orden es importante dado que “más allá de la frontera, las ambiciones apenas contenidas y la codicia susurran, como bandadas de cuervos dando vueltas sobre presas desquiciadas25.


Eso fue la gota que colmó el vaso del presidente de la República Manuel de Arriaga, quien estaba en contra de la política seguida por el gobierno “democrático”. Por ello, entregó el Gobierno al general Pimienta de Castro el 23 de enero26. La maniobra del presidente fue publicada por A Capital a toda plana en su publicación del 25 de enero de 1915. Era un intento de atajar la inestabilidad y dar un giro político. ¿Cómo se vió en la prensa española? La Época da una editorial bastante templada, en lo que aparentemente es un giro más hacia sus planteamientos conservadores:

 

 Esta tarde ha tenido lugar un Consejo de Ministros en el que se ha acordado plenamente la dimisión del Gobierno [...]

El presidente Arriaga, luego de varias administraciones, encargó formar gobierno al general Pimenta Castro.

La Época, 25 de enero de 191527


El diario El Liberal también refleja el movimiento el día 25, pero el tono se percibe diferente. El paso a un gobierno más “moderado” en Portugal va contra la ideología del periódico español. 


Según parece, la dimisión del Gabinete ha obedecido a que el Sr. Arriaga había celebrado conferencias con algunos jefes de partido. [...]

El Sr. Arriaga ha encargado formar Gobierno al general Pimenta Castro, y éste trata de constituirlo con personalidades no pertenecientes a los partidos políticos.

El Liberal, 25 de enero de 191528

 

Sin embargo, los “democráticos” lanzaron a sus seguidores a un radicalismo callejero que el 14 de mayo de 1915 logró derrocar a Pimenta de Castro y forzó la dimisión de Manuel de Arriaga, alcanzando la presidencia del gobierno Joao Chagas y la de la República Teófilo Braga, ambos “democráticos”. El diario A Capital, reflejó el movimiento en su edición del día 16 y deja clara su opinión con

la noticia ocupando toda la primera plana y titulado “La República triunfante29.

 

En La Época reflejan con preocupación los acontecimientos ya en la edición del 14 de mayo:

 

Varios grupos recorrieron las calles en Oporto, dando gritos contra el Gobierno [...] Las tropas han salido a las calles, y todos los comercios se encuentran cerrados [...]

La Época, 14 de mayo de 191530

 

Pero el día 15 ya recogen en su tercera página la gravedad y extensión de las revolución, que era contraria a su ideología, dejando entrever además, la actuación de Alfonso Costa:

 

Circula el rumor de haber sido proclamada la Commune en Lisboa [...].

 En efecto: había estallado una revolución, según parece, en favor de Alfonso Costa y en contra del llamado golpe de Estado [...]

La Época, 15 de mayo de 191531

 

En El Liberal guardan silencio hasta su edición del 16 de mayo, donde una extensa crónica resume toda la información disponible con una marcada diferencia de tono.


Las noticias de ayer fueron por extremo alarmantes. Como de costumbre, comenzaron á llegar á Badajoz los consabidos portugueses que, apenas estalla un petardo, huyen metódicamente do la quema y se acogen á la capital de nuestra Extremadura , y como de costumbre también, principiaron los corresponsales de Badajoz a mandar a Madrid despachos sanguinolentos [...]. Entre el tiroteo, óyense gritos de Abajo la dictadura. [...]

En cuanto los oficiales de los buques de guerra se dirigieron a bordo, comenzó el movimiento patriótico. En los mástiles de los barcos ondea triunfante la bandera de la República. [...]

El Liberal, 16 de mayo de 191532

 

Pero el verdadero cambio para Portugal se produce cuando el 29 de noviembre de 1915, Alfonso Costa recibe la presidencia del Gobierno. Desde ese momento, la entrada de Portugal en la guerra será una obsesión para él.


Finalmente, Londres cede y solicita a Portugal en febrero de 1916 que requise los buques alemanes y austriacos fondeados en puertos portugueses33. Portugal cumple con la petición inglesa y Berlín declara la guerra a Portugal el 10 de marzo de 1916. A Capital informa en su edición del 10 de marzo sobre la declaración de guerra con una larga exposición de los antecedentes y los movimientos subsiguientes. Pero, ¿Cómo se vió en la neutral España la entrada de su vecino a la guerra?


Desde La Época se hace con un tono aséptico pero remarcando que la actitud de enfrentamiento hacia Alemania se producía desde el inicio de la guerra, por lo que la entrada de Portugal en la guerra era cuestión de tiempo:

 

 Es ya oficial la ruptura definitiva de relaciones entre Alemania y Portugal. Es un hecho que fatalmente tenía que ocurrir. Lo milagroso es que el equilibrio inestable en que se venían manteniendo los dos pueblos en su reciprocidad de trato, haya durado tanto tiempo.

La Época, 10 de marzo de 191634

 

Desde El Liberal también se publicaba el 10 de marzo la entrada de Portugal en la guerra. Pero aunque también refleja que la relación con Alemania hacía que antes o después debiera de producirse esa declaración de guerra, la diferencias en este caso es la justificación que hace el diario de la decisión portuguesa:


Era cosa inevitable la ruptura [...]. Por parte de ambas naciones la imponía la decencia.

Si entre las tragedias bárbaras de la guerra ha habido algún incidente cómico y hasta bufo, constituyó ese incidente el hecho de que mientras los alemanes con inmensa superioridad de fuerza, peleaban contra los portugueses en las colonias de África, y los exterminaban poco menos que á mansalva, siguiesen viviendo tan tranquilos el ministro portugués en Berlín y el ministro alemán en Lisboa.

El Liberal, 10 de marzo de 191635

 

El envío de tropas hacia Flandes se inició a principios de 1917 y para el 23 de febrero ya estaba casi completo36. Sesenta mil hombres que formarán el Cuerpo Expedicionario Portugues (CEP) y que serán adiestrados por mandos ingleses, quedando englobado en el XI Cuerpo de Ejército británico. Como consecuencia de la guerra, la inflación y el desabastecimiento que afectó a todos los países, golpeó con más dureza a una Portugal que debía realizar un gran esfuerzo para mantener su participación. Eso provoca que el rechazo de la población a la participación portuguesa en la guerra vaya incrementándose. Pero la misma situación se estaba dando en España. Sólo que aquí, al descontento de las clases populares, que se va canalizando a través de los movimientos sindicales, se suma el descontento militar de unos oficiales que ven como la inflación se va cebando sobre sus sueldos37, lo que se materializó en la aparición de las Juntas de Defensa. Y, al mismo tiempo, el descontento de los grupos políticos que no se sentían bien representados, desembocó en la convocatoria de una asamblea de parlamentarios en Barcelona.


Todo se juntó en julio de 1917. El triple desafío –militar, social y político– hizo tambalearse al sistema. Finalmente, el presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato, supo resolver la situación de manera inteligente y la crisis se superó. Pero, ¿cómo fue visto por la prensa? En La Época del 1 de julio se destaca que en el Consejo de Ministros de ese día, el principal asunto es el “del asunto anunciado del aumento del haber del soldado38. Dato resolvió la crisis primero desactivando el factor militar accediendo a sus pretensiones, entre ellas la del aumento de salarios. También habla en la misma edición de la asamblea de parlamentarios de Barcelona:


Se sigue hablando de la asamblea de parlamentarios, que tratan de organizar los regionalistas, los cuales dicen que cuentan con la adhesión de diputados de todos los partidos. En general, se cree que la pretensión fracasará.

La Época, 1 de julio de 1917 39

 

Es interesante ver como desde el mismo diario, que sabemos afín al gobierno conservador, se trata de desacreditar todo lo posible esa asamblea de Barcelona, hasta el punto de que el 17 de julio debe publicar una carta enviada al diario, donde el diputado reformista Álvarez Valdés desmiente la información publicada por el mismo diario el día anterior, en la que se dejaba ver una posible discrepancia dentro del grupo reformista hacia su apoyo a la asamblea40.


Respecto a El Liberal, vemos un planteamiento completamente diferente hacia la asamblea de parlamentarios. De hecho, su edición del 19 de julio, el día que se reúne la asamblea, arranca con el titular: “Día histórico”. En la misma edición, unas columnas después, se refiere al día así: “No se recuerda en el país un movimiento de esta naturaleza41.


En la edición del 20 de julio de 1917 de A Capital, se analiza la crisis española, y de paso se critica al sistema de la Restauración y a la misma Corona, llegando incluso a traer a colación la misma Semana Trágica. El artículo es muy esclarecedor sobre la visión portuguesa hacia España:


La crisis española se agrava cada día que pasa. Allí como aquí, el divorcio entre la nación y el gobierno, entre el pueblo y el Estado, está aumentando. [...]

El viejo Estado español, devorado por los gusanos, retumbando con sacudidas que no pudo resistir, tiembla, ruge, amenaza con derrumbarse. La primera reunión fue con el ejército, hace unas semanas, en Barcelona, donde las ligas de defensa exigieron lo que pensaron, sin otra alternativa que responderles [...]. La revolución armada que le amenazaba desde los cuarteles de Cataluña, y ciertamente desde los de toda España.

[...] Una vez remediada la crisis militar, satisfechas las exigencias del ejército, que quería sobre todo salario, surgió la crisis política. Los políticos no se entendían.[...]. Dato quiso tener mano de hierro y empezó por estrangular a la prensa, al mismo tiempo que no permitía que el parlamento se reuniera. Muchos parlamentarios fueron a Barcelona, para reunirse allí, en una especie de convención de la que nadie sabe qué saldría.

La reunión debería haber tenido lugar ayer. Pero la autoridad lo prohibió. ¿Qué sigue a esta prohibición? Disturbios en las calles, barricadas, desórdenes, enfrentamientos con la fuerza pública. ¿Se avecina otra semana trágica? ¿Está España, de hecho, en plena revolución? Lo dudamos. Los acontecimientos de ayer en Barcelona deben ser incidentes aislados, que aparentemente no tuvieron consecuencias sangrientas. Ahí nosotros, los portugueses, de momento le quitamos todas las ventajas a los españoles.42


El 5 diciembre de 1917, un golpe de Estado lleva al poder a Sidonio Pais. Mantiene a Portugal en la guerra pero sin entusiasmo. Sin embargo, la falta de motivación de las tropas portuguesas, unido al inesperado empuje de la ofensiva de la primavera alemana en marzo de 1918, derrumba el frente defendido por Portugal. Ya el resto de la guerra permanecerán integradas en el ejército inglés y con un carácter secundario y de apoyo. La guerra termina el 11 de noviembre de 1918. De inmediato se inician las conversaciones de paz en lo que será el Tratado de Versalles. Portugal desfila entre las naciones vencedoras, pero no logrará los objetivos buscados, y un hecho será fundamental en este sentido.


El 14 diciembre 1918, Sidonio Pais es asesinado en un atentado. En el momento en que Portugal tenía que haber mostrado su mayor estabilidad, se asoma a un precipicio de anarquía y guerra civil. Mientras Portugal estaba sumida en una profunda inestabilidad, España podía presentarse como un país estable, con unas finanzas saneadas y una moneda fuerte; y por otro lado, era la mejor aliada para unos Estados Unidos que aspiraban a mejorar su posición con los países latinoamericanos.


El mejor resumen de cómo se vio el resultado de todo ello en Portugal es la carta escrita por el Encargado de Negocios de Portugal, Vasco de Quevedo, al ministro de Negocios Extranjeros, Domingos Pereira, el 11 de febrero de 1921:


La política abstencionista de España prestigiada y entronizada por los mismos a quienes esa

política tanto calumnió durante la guerra”43

 

El resultado no pudo ser más inesperado. El país sumido en una profunda inestabilidad, económicamente hundido y con el honor más hundido al ver a su neutral vecina colocarse en un lugar mejor a la hora de recoger los frutos.

 

 

Bibliografía

 

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Mata, E. (2013). A economia portuguesa no primeiro quartel do século XX. (2013 ed.) Museu de Penafiel. Moreno, J. (1998). Romanones. Caciquismo y política liberal. Alianza editorial.

NOTAS


1 Los otrora unidos partidos, ya estaban divididos en facciones, cuando no directamente en diferentes partidos, como el caso de la Izquierda Liberal de Santiago Alba, que surgió de la separación de éste de la facción del Partido Liberal del conde de Romanones a fines de 1917. Sueiro, S (2002). El impacto de la Primera Guerra Mundial. En Avilés, J, Elizalde MD, Sueiro, S, Historia política 1875-1939. pp 245-252. Editorial Istmo.


2 En el Partido Liberal, se encontraba la actitud neutralista de García Prieto, en contraposición con la actitud claramente aliadófila del conde de Romanones. Y lo mismo podemos decir del Partido Conservador, donde la actitud relativamente aliadófila de Maura, se contraponía al denominado maurismo, mucho más afín a la neutralidad, cuando no directamente a las potencias centrales. Sueiro, S (2002). El impacto de la Primera Guerra Mundial. En Avilés, J, Elizalde MD, Sueiro, S, Historia política 1875-1939. pp 245-252. Editorial Istmo.


3 De la Torre, H (2014). España en crisis (1917-1923): los dictámenes de las repúblicas vecinas. Aportes, nº 85, año XXIX (2/2014). pp 51-81.


4 En 1914, mientras que en Alemania había 42.000 oficiales para 820.000 soldados, en España había 16.000 para 80.000. Es decir, había 2 o 3 veces más oficiales por soldado en España que en Alemania. Boyd, C (1990). El fracaso de la reforma militar. En La política pretoriana en el reinado de Alfonso XIII. pp. 43-68. Alianza Editorial.


5 La rápida pérdida de poder adquisitivo a causa del aumento de la inflación galopante que se va sucediendo durante la Gran Guerra es una de las principales causas de la proliferación de Juntas de Defensa que causaron la crisis del verano de 1917. Para su desarrollo ver los capítulos 3 y 4 de: Boyd, C (1990). La política pretoriana en el reinado de Alfonso XIII. Alianza Editorial.


6 Para las cuestiones de intendencia y de los problemas de alimentación y corrupción, ver: Macías, D (2021). Piojos, ratas y moscas: Marruecos y el soldado español. En Macías, D. (ed.) A cien años de Annual. La guerra de Marruecos. pp 329-382. Desperta Ferro Ediciones.


7 No en vano, el crecimiento de las órdenes religiosas en España al inicio de la restauración había venido acompañada de la llegada de religiosos expulsados de esa Francia anticlerical a finales del siglo XIX. Elizalde, MD (2002). La cuestión religiosa. En Avilés, J, Elizalde, MD, Sueiro, S. Historia política 1875-1939. pp. 47-49. Editorial Istmo.


8 Moreno, J (1998). Un turno nuevo. El Moreno, J. Romanones. Caciquismo y política liberal. pp. 302-314. Alianza editorial.


9 Ya en el congreso de París de 1900 se había acordado que “en caso de amenaza de conflicto, se organizará una agitación antibelicista uniforme en todos los países”. Avilés, J (2014). Los socialistas españoles ante la Gran Guerra. Bulletin d'Histoire Contemporaine de l'Espagne, Nº 49. pp. 233-246.


10 Para empezar, en 1890 el Ultimátum inglés había acabado con la ilusión de una gran África austral portuguesa. Pero pocos años después, en 1898, una deslealtad inglesa estuvo a punto de tener peores consecuencias. Costa, F. (2001). A Política Externa: do Ultimátum à República. En F. Martins (éd.), Diplomacia & Guerra (1‑). Publicações do Cidehus.


11 Sánchez, J (2019). Portugal ante la Gran Guerra y sus disputas con España. En Bosquet, K. (coord.) Cien años de la Primera Guerra Mundial. El fracaso de la paz. pp 65-82. Publicacions de la Universitat Rovira i Virgili.


12 Entre otras razones, quizás la más importante, para alejar la posibilidad de que España entrara en la guerra al lado de Alemania, seducida por sus ofrecimientos. De la Torre, H (1980). Na encruzilhada de Grande Guerra, Portugal-Espanha 1913-1919.pp. 139-148. Editorial Estampa.


13 Fundamental para entender el proceso de instauración de la República pero también para ver como en diversas ocasiones fueron esos grupos urbanos de Lisboa los que “rescataron” la República cuando se desviaba de su ideología “democrática”: De la Torre, H (2019). Crisis peninsulares y regeneraciones fallidas, 1890/1898-1914. En De la Torre, H, Jiménez, JC, Historia de una diferencia Portugal y España. pp 125-156. Editorial Sílex.


14 Mata, E. (2013). A economia portuguesa no primeiro quartel do século XX. (2013 ed.) Museu de Penafiel.


15 De hecho, el ejército portugues pasó de 31.000 hombres en 1914 a 170.000 en 1915, entre las tropas peninsulares, las de las colonias y las de Flandes. De la Torre, H (2019). Crisis peninsulares y regeneraciones fallidas, 1890/1898-1914. En De la Torre, H, Jiménez, JC, Historia de una diferencia Portugal y España. Editorial Sílex.


16 Correspondente (28 de julio de 1914). A guerra. A Capital.


17 Correspondente (30 de julio de 1914). Na Inminencia da conflagação. A Capital.


18 28 de julio de 1914. Ni confianza, ni pesimismo. La Época.


19 28 de julio de 1914. Nada, por ahora. El Liberal.


20 De la Torre, H (2019). Portugal y España en la Gran Guerra.. En De la Torre, H, Jiménez, JC, Historia de una diferencia Portugal y España. pp 157-170. Editorial Sílex.


21 23 de enero de 1915. El movimiento monárquico en Portugal. La Época.


22 24 de enero de 1915. El movimiento monárquico en Portugal. La Época.


23 24 de enero de 1915. De Portugal. El Liberal.


24 24 de enero de 1915. A lei. A Capital.


25 24 de enero de 1915. Una nota política. A Capital.


26 Amigo suyo de la infancia y republicano moderado, que intentó una apertura de la República a los moderados y el resto de fuerzas, pero fue interpretado como la instauración de una Dictadura.


27 25 de enero de 1915. La situación en Portugal. La Época.


28 25 de enero de 1915. Crisis en Portugal. El Liberal.


29 16 de mayo de 1915. La República triunfante. A Capital.


30 14 de mayo de 1915. Portugal. La Época.


31 15 de mayo de 1915. Graves sucesos en Lisboa. La Época.


32 16 de mayo de 1915. Disturbios en Portugal. El Liberal.


33 Bezerra, J (2018). Las dos caras de la misma moneda: la participación portuguesa en el frente europeo y africano durante la Primera Guerra Mundial. Revista Digital Guerra Colonial2, 2018, pp. 5-23.


34 10 de marzo de 1916. Un beligerante más. La Época.


35 10 de marzo de 1916. Portugal y Alemania.El Liberal.


36 El traslado se realizaba por la noche, no sólo para evitar los disturbios por parte de la población portuguesa, sino para evitar el espionaje alemán y el posible ataque a los convoyes. Además los barcos eran escoltados por la Armada inglesa. Bezerra, J (2018). Las dos caras de la misma moneda: la participación portuguesa en el frente europeo y africano durante la Primera Guerra Mundial. Revista Digital Guerra Colonial2, 2018, pp. 5-23.


37 El elevadísimo número de oficiales del ejército español hacía que sus sueldos no pudieran incrementarse al ritmo adecuado, por lo que cuando la inflación empezó a subir de forma acelerada por la Primera Guerra Mundial, su poder adquisitivo fue mermando de manera igualmente acelerada, lo que hizo acrecentar su malestar. Eso fue lo que motivó la aparición de las Juntas de Defensa. Para ver una buena explicación de este proceso ver: Boyd, C (1990). Las Juntas de Defensa. En Boyd, C, La política pretoriana en el reinado de Alfonso XIII.pp 69-94. Alianza Editorial.


38 1 de julio de 1917. Consejo de Ministros.La Época.


39 1 de julio de 1917. Barcelona. La Época.


40 19 de julio de 1917. El Partido Reformista. La Época.


41 19 de julio de 1917. El Liberal.


42 20 de julio de 1917. Barcelona Revolucionada?. A Capital.


43 De la Torre, H (2015). España desde Portugal. En De la Torre, H (coord). España desde el exterior (1917- 1923). pp. 47-96. Editorial Universitaria Ramón Areces.