COSTUMBRES
Nos acostumbraron desde la cuna
a saludar
a personas indeseables
a las que dejó de importarles la suerte del otro.
Esa costumbre nos dejó indefensos
ante la maldad venidera
propensa
a espíritus vacilantes.
Seríamos realmente peligrosos
de haber sido enseñados
en el encuentro salvaje de las aguas
que bajan en escorrentía por las acequias
y en el lenguaje bicolor de las urracas,
garantes de la espesura.
Sara Madrigal Castro.
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