POESÍA



COSTUMBRES


Nos acostumbraron desde la cuna

a saludar

a personas indeseables

a las que dejó de importarles la suerte del otro.

Esa costumbre nos dejó indefensos

ante la maldad venidera

propensa

a espíritus vacilantes.

Seríamos realmente peligrosos

de haber sido enseñados

en el encuentro salvaje de las aguas

que bajan en escorrentía por las acequias

y en el lenguaje bicolor de las urracas,

garantes de la espesura.


 

Sara Madrigal Castro.